METALITERATURA

Revista de literatura

El lenguaje de los sueños

1/24/2009 Cortazar

El lenguaje de los sueños El lenguaje de los sueños en “Relato con un fondo de agua” de Julio Cortázar.

El siguiente es un análisis de “Relato con un fondo de agua” de Julio Cortázar. Para trabajar este cuento cuyo elemento central es un sueño se lo hará dialogar con el primer capítulo de La interpretación de los sueños de Sigmund Freud y se utilizará el método allí propuesto para intentar extraer nuevos significados del texto.

 
Por:   Franceschi Daniela

 

El siguiente es un análisis de “Relato con un fondo de agua” de Julio Cortázar. Para trabajar este cuento cuyo elemento central es un sueño se lo hará dialogar con el primer capítulo de La interpretación de los sueños de Sigmund Freud y se utilizará el método allí propuesto para intentar extraer nuevos significados del texto.

            En La interpretación de los sueños, Freud propone “dividir el sueño en sus elementos y buscar las ocurrencias que se enlazan a cada uno de ellos”, método que vamos a utilizar para el análisis del cuento. La idea consiste en diferenciar entre el contenido del sueño, que Freud denomina contenido material, y los diversos estados de ánimo que lo provocan, que Freud denomina contenido latente. Este procedimiento hace evidente que los sueños operan por condensación, de modo que “no se halla (…)  un solo elemento del contenido del sueño del que no partan los hilos de asociación en dos o más direcciones” (pág. 26)

            Comenzaremos entonces con en análisis del sueño que relata el narrador a Mauricio e intentaremos establecer conexiones con aquellas cosas que le cuenta respecto de sus sentimientos en general y de su relación con Lucio en particular en aquella época.

            Dentro del sueño podemos encontrar diversos pares de opuestos condensados. Por ejemplo, la oposición entre la soledad (tan vecina a la pesadilla) y la compañía que llega con la aparición del ahogado. También está la oposición entre esta orilla y la otra orilla que es la que está del otro lado del río en donde aparece el ahogado. Además, podemos decir que esta última oposición se encuentra en intima relación con la oposición vida/muerte que surge del contraste entre el ahogado y el narrador. (Mejor dicho, entre el ahogado y el que ve la escena en el sueño que está en primera persona)

Estas oposiciones se relacionan a su vez con otras que pertenecen al mundo de la vigilia. Como, por ejemplo, el par juventud/adultez y el tránsito de un estado a otro que el narrador vive con incomodidad:

“Sabés, lo terrible de ese momento de la juventud es que en una hora oscura y sin nombre todo deja de ser serio para ceder a la sucia máscara de seriedad que hay que ponerse en la cara, y yo ahora soy el doctor fulano, y vos el ingeniero mengano, bruscamente nos hemos quedado atrás, empezamos a vernos de otro modo, aunque por un tiempo persistamos en los rituales, en los juegos comunes, en las cenas de camaradería que tiran sus últimos salvavidas en medio de la dispersión y el abandono, y todo es tan horriblemente natural, Mauricio, y a algunos les duele más que a otros (…)” (Pág. 370)

Esto último también puede conectarse con la oposición verano/otoño. A su vez éste par se relaciona con ese “mundo elemental” en el que se encuentran tan a gusto todos los amigos y el “pobre paraíso perdido” en el que se transforma la isla hacia el final del verano.

Pero también es necesario analizar otros de los elementos del sueño que no están agrupados en pares de opuestos. Por ejemplo, en el sueño aparecen algunos ruidos: el de las ranas y el del durazno que cae, que contrastan con el silencio que se produce después. Estos ruidos tienen adjetivos que llevan implícito algo de violencia o malestar: las ranas “ladraban como no ladran ni siquiera los perros” y el del durazno es un “golpe aplastado”. Si vamos a la parte en que el narrador cuenta cómo eran esos últimos días con Lucio en la isla vemos que dice: “venía en ese fin de verano y se quedaba como vos sin hablar, él que tanto había hablado, y dejaba correr las horas bebiendo, resentido por nada o por la nada, por esa repleta nada que nos iba acosando sin que pudiéramos defendernos. […] A veces me engañaba el silencio, a veces una palabra con el acento de antes, y tal vez Lucio caía conmigo en las astutas trampas inútiles del hábito, hasta que una mirada o el deseo acuciante de estar a solas nos ponía de nuevo frente a frente, siempre amables y corteses y extranjeros.”  Es decir que en el sueño los ruidos están cargados con la connotación de ese resentimiento entre Lucio y el narrador que en la vigilia se expresa con el silencio.

Además, encontramos en el sueño una mención a los naranjales y los duraznos que podríamos pensar que se relacionan con la vida, el verano y la juventud. Todos temas que trata el narrador durante su charla con Mauricio. Es llamativo que cuando el sueño se repite en la vigilia el ruido sea de un durazno “podrido” y que tenga “algo de bofetada, de torpeza indecible”. También aparecen allí los colchones de “hojas muertas”, todas estas cosas remiten a la muerte que se entromete donde había vida; a lo rancio que penetra en la felicidad de una amistad estrecha y al otoño que avanza sobre el verano.

En el sueño está también presente el barro y el calor pegajoso que son lo sucio y lo impuro que interrumpen ese paraíso donde los amigos habían sido tan felices.

Por último hay que detenerse en los elementos principales del sueño que son el agua y la luna. La luna es el primer elemento del sueño que se menciona y está relacionada con dos campos semánticos: el de la luz y el de la violencia. La luna le da en la cara al protagonista desde el principio, ilumina todo el canal, se refleja en el barro hasta volverlo amarillo y es la que permite verle la cara al ahogado. La idea de luz, que inevitablemente se conecta con el nombre Lucio, está relacionada con la idea de ver, sobre todo de ver claramente. Se puede pensar que este exceso de luz contrasta con todo lo que los amigos ocultan entre ellos. Lo iluminado es lo explícito y lo oscuro es lo secreto, lo que se oculta. Cuando se hace referencia a los juncos se los relaciona con esto último “estaban los cañaverales negros donde el agua se perdía secreta. La luna, en cambio, revela la cara del ahogado y echa luz sobre el secreto más profundo de Lucio: que el protagonista se ahogue. Hace explícito en el sueño lo que se ocultaba detrás de las palabras amables y la cortesía de la vigilia.

Por esto mismo se asocia a la luna con la violencia. Se dice: “Todo el canal era luna, una inmensa cuchillería confusa que me tajeaba los ojos, y encima un cielo aplastándose contra la nuca y los hombros, obligándome a mirar interminablemente el agua.” Y “la luna hincándose en el pecho, mordiéndole el vientre, las piernas pálidas, desnudando otra vez al ahogado boca arriba.” Por último: “(…) vi al ahogado con la luna arrodillada sobre el pecho,” Es decir que hacer explícito lo que está oculto se vive como un acto de violencia, tanto por parte del narrador como por parte de Lucio (no hay que olvidar que éste es su sueño).

De hecho si volvemos a Freud podemos tomar la idea de que el sueño es la concreción de un deseo y podemos ver que el horror de este sueño proviene, para Lucio, de la revelación de su secreto más íntimo; y para el narrador, de soñar la realización de un deseo ajeno que es percibido como una pesadilla. Un detalle: tradicionalmente, soñar con luna llena augura la concreción de un deseo.

Además, se puede pensar que la violencia de la luna tiene que ver con que está “trepada en el cielo de la otra orilla” y desde allí ilumina. Con todo lo que ya habíamos dicho que “la otra orilla” implicaba.

En cuanto al agua, podemos decir varias cosas: el agua que corre tradicionalmente simboliza la vida, pero acá también es el agente de la muerte, es el agua que ahoga. Su constante fluir tiene cierta relación con el tiempo y la vida y que el narrador sepa en su sueño que ese es un canal rápido “profundo y lleno de remansos” peligrosos, habla de una concepción de la vida que combina con las percepciones que éste tiene de la edad adulta. Además hay que agregar el hecho de que es un agua llena de barro, turbia y no un agua cristalina. Algo que podría tener cierta relación de simetría con la relación entre Lucio y el narrador, marcada por la hipocresía y el disimulo.

Pero, además, el agua es el es el lugar de pasaje entre esta y la otra orilla. Entre la vida y la muerte. Y es también un agua violenta, agua que quiere llevarse consigo al narrador: “el río manoteaba solapado buscando dónde agarrarse, resbalando otra vez y empecinándose”. Por último, el agua es el lugar de lo fantástico: donde el sueño ya no puede ser del narrador porque es la concreción de un deseo de Lucio. Y el agua es también ese lugar de pasaje entre el sueño y la vigilia ese lugar desde donde surge una y otra vez como un mal sueño que se repite la figura de Lucio que viene a buscar al narrador para llevárselo del otro lado, del lado de la muerte, del sueño, de la otra orilla.

Finalmente, si retomamos el título, “Relato con un fondo de agua”, podemos decir también que el agua es el lugar desde donde surge la narración. El narrador se ve casi obligado a contar eso que proviene del fondo del río ante Mauricio, ese amigo del que dice: “Vos pertenecés a esa especie de testigos cariñosos que hasta en los peores sueños nos acosan sonriendo”. Tal vez el narrador espera que al contarle todo a ese amigo con quien hablar es como hablar solo (en quien nosotros podríamos jugar a reconocer la figura del analista si quisiéramos seguir con el tema del psicoanálisis), la pesadilla se va a detener. Pero inmediatamente luego de terminar su relato sabe que no, que todo va a seguir así y que alguna vez va a tener que ir hacia el agua y así “el sueño estará al fin completo”.

 

21/01/2009

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