METALITERATURA

Revista de literatura

Mircrorelatos

6/22/2009 Textos
 
Por:   Limanski Eugenia
El vuelo Su cuerpo fluía a través del escenario. Por momentos parecía tener el don de volar. Iba a verlo cada vez que se presentaba y debo confesar que en varias oportunidades su movimiento envolvente me llevó a ver nuevamente la misma representación. No fui atrapada solamente por su movimiento, su gestualidad invitaba a soltar las cargas de la piel y la densidad del cuerpo se iba transformando. El fuego del sol, la brisa suave del mar y el brillo de la luna decían presente en cada escena. Su boca El fuego creado a través de sus pieles olvidaba el blanco del paisaje. Se estremecían de solo tocarse, pero lograban una intimidad única. Las sutiles caricias de él provocaban el fluir de sus cuerpos en el espacio. La sonrisa de ella sintoniza su suave voz. Cada instante se prolonga en el tiempo y así alcanzan con pequeños movimientos el encuentro total. Los tiernos besos de ella lo llevan a un infinito presente y su boca se transforma en un río donde el juego de lo sutil cosquillea sus cuerpos. Una melodía se entrelaza en ese instante. Los tonos de los colores se transforman a la par de sus vibraciones. La respiración entremezclada fluye en diferentes escalas de tonos que los transporta a una magia sublime. Irrepetible momento, momento repetible con nuevos gestos a crear con los pinceles de ambos. El río Sentada en la lancha colectiva en un río colateral al Lujan sintió nuevamente los olores y las sensaciones de aquellas aguas. En años anteriores había remado por aquel afluente y sus recuerdos evocaban los movimientos rítmicos. Estaba feliz de estar ahí en una lancha casi desierta. Su vista abarcaba todo y en su brillo lograba capturar la tonalidad del paisaje. Ya en el río ancho, uno de los otros pasajeros le preguntó si conocía a Juan, un remero que iba todos los sábados y domingos a la isla. Le respondio afirmativamente con un leve cabeceo, entonces, el hombre se animó a decirle que también se acordaba de ella cuando remaba en el río. Ella evocó esa misma imagen. Los anteojos de sol le taparon sus lágrimas. Anheló el contacto del bote con el río, percibía una fuerte vibración mientras Pedro, el lanchero, la alzaba para subir a la embarcación que la llevaría de regreso, provocando un intercambio de sonrisas cómplices. Luego, puso en el techo su silla de ruedas. Fugacidad Cada atardecer el rito comienza. Gestos y sonrisas presentes.La noche acaricia suave, nos envuelve en la producción de sensaciones, de placeres desbordantes. El tiempo se deja transcurrir intensamente y el soplo del reloj traza en su cuerpo el dibujo de una fugacidad como señal. Era la marca del territorio poseído. Manos La mano arrugada toma suavemente los dedos pequeños de Ian. Juegan a través de sus pieles. Ambos sonríen. Ian deja ver su pequeño diente. Su voz de gestos continuos se hace presente y provoca un diálogo entre ellos. Las miradas silenciosas de alrededor quedan capturadas ante la intensidad de la escena. El estremecimiento de ese momento produce un susurro de placer. Pequeñas maniobras de goce. Fotografía grabada en el ser. Ian con sus pinceles y su memoria dibujó las manos de ella. Era sorprendente cada pincelada. Trabajó detalladamente en esas manos de dulzura y tiernas caricias. Después de largas horas de pie y de diestros malabares con pinceles y colores se sentía satisfecho de lo que había plasmado, era consciente de lo que transmitían aquellas manos. Lo tenía impregnado en su piel. Encuentro III La lenta procesión de las horas la llevó hasta su destino último. Quería despedirse sin dejar de prolongar el encuentro. El crepúsculo se abatía sobre el pequeño grupo que acompañaba el cortejo. II Lo esperó. Deseaba abrazarlo profundamente y decirle que lo iba acompañar en este camino que parece no tener rumbo definido. Sentada en su casa jugaba con las llaves de la puerta que él le había dado hace un par de meses en el restaurante tailandés donde la combinación perfecta de sabores explotan en sus bocas. Les encanta ir a ese lugar. Ya los conocían y siempre tratan de adivinar la receta del plato elegido. Es un juego entre ellos donde el paladar degustaba otras sensaciones. I Tu llegarás a la exposición, me verás solo a mí entre el gentío, te acercarás y te deslumbraras con mi mirada y yo con tu sonrisa. Intercambiaremos gestos que se transformaran en palabras y así sabremos nuestros nombres. A través de nuestras miradas capturaremos nuestro dialogo.
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