METALITERATURA

Revista de literatura

La negación y la creación del ego

4/20/2010 Cortazar

La negación y la creación del ego en “La escuela de noche” de Julio Cortázar

 
Por:   Miranda Andrea

 

Parece ser que, de generación en generación,

 las tendencias y los actos varían poco;

por el contrario, lo que sí cambia, a su alrededor,

 es la extensión de la zona de silencio

o el espesor de las capas de mentira.[1]

 

Al llegar al corazón

el tiempo no puede ya medirse,

 y en la infinita rosa violeta del centro

el cronopio encuentra un gran contento,

entonces se lo come con aceite, vinagre y sal,

y pone otro reloj en el agujero.[2]

 

El pliegue

 

 El primer manifiesto surrealista publicado en 1924 culmina con la siguiente frase: “La existencia está en otra parte”. Mediante este decisivo final, André Breton enuncia el interés máximo del movimiento: la búsqueda de una realidad superior, más completa, más verdadera. En la obra de Julio Cortázar, esta sospecha de una realidad segunda ha sido tematizada una y otra vez. En gran parte de sus cuentos, las puertas, los sueños o la muerte son pasajes hacia otro plano de lo real que amenaza, socava o redime el lado de más acá: tras oír un sonido “impreciso y sordo”, el hermano de Irene clausura la “parte tomada” de su casa; Alina Reyes sabe que la lejana “tiene frío, que sufre, que le pegan”; Rosa se pregunta cómo habría que darle al difunto Alejandro la noticia de la muerte de su madre; Mecha es invadida una y otra vez por “esa otra cosa” y sufre “desde su lado” la misma pesadilla que aterroriza afuera; Mauro y el doctor Hardoy ven a Celina que está sin estar en “el paraíso al fin logrado”[3]...

Aunque el doblez ontológico es uno de los aspectos que permiten unificar la obra de Cortázar, el tema sufre una serie de variantes en cada colección.

“El desdoblamiento de los personajes y la concepción de una realidad ampliada, configurada a su vez por dos planos, constituyen un tratamiento recurrente de un tipo de entramado narrativo que aparece ya en los primeros textos cortazarianos y continúa como una constante, sobre la que se irán operando múltiples transfiguraciones”[4].

 

“Casa tomada” y “La escuela de noche”, pertenecientes al primer y al último libro de cuentos del autor respectivamente, presentan algunos elementos en común. En ambos casos, la arquitectura alberga dos realidades enfrentadas. En el hogar y la escuela la hospitalidad se trasforma en hostilidad, la intimidad en intimidación. Sin embargo, la reacción de los personajes ante la sospecha de una presencia extraña permite oponer los relatos. En el primer cuento de Bestiario, el matrimonio de hermanos abandona la casa sin indagar sobre el origen  de los ruidos y el otro lado permanece oculto a los ojos del lector. El uso de la incertidumbre como técnica básica del relato no es exclusivo de “Casa tomada”. Al recuperar algunos trabajos críticos que exploran la coherencia interna de Bestiario, Andrés Avellaneda llega a la conclusión de que uno de los puntos de coincidencia de los cuentos es “el intento, por parte de los personajes, de adaptarse a lo anormal y extraño que invade, sin intención de explicarlo o conocerlo”[5].

En “La escuela de noche”, en cambio, la otredad hostil no permanece innominada: Toto recuerda el momento en que se propuso investigar, junto a su compañero, el mundo desconocido detrás de lo familiar. Al atravesar las paredes del colegio en el resguardo de la noche, los personajes se encuentran con una reunión secreta en la que descubren a varios miembros de la escuela detrás de exagerados disfraces. Alumnos, profesores e, incluso, el director festejan un sacrificio y algunos juegos que lindan con el sadismo[6]. Una característica fundamental de todo juego es que “crea una realidad fruitiva paralela y simultánea a aquella en que se inscribe, amén de reglas definitorias”[7]. Asimismo, el masoquismo requiere del establecimiento de un contrato que dará lugar a una escena regulada por determinadas normas. Estas prácticas rituales que aquí se encuentran imbricadas suponen la instauración de una serie de reglas que permiten construir una realidad alternativa a la cotidiana.

Al analizar el significado de lo siniestro en su texto homónimo, Sigmund Freud repara en la ambivalencia del término “heimlich”. Por un lado, el vocablo hace referencia a lo que es familiar e íntimo. Por otro, es aquello que se encuentra oculto.

“...esta palabra, heimlich, no posee un sentido único, sino que pertenece a dos grupos de representaciones, que, sin ser precisamente antagónicas, están, sin embargo, bastante alejadas entre sí: se trata de lo que es familiar, confortable, por un lado; y de lo oculto, disimulado, por el otro”.[8]

 

En consecuencia, la negación del término (unheimlich) implica, simultáneamente, un descubrimiento de lo oculto y una transformación de lo conocido en desconocido. Lo siniestro en Freud, por lo tanto, es aquello que procede de lo heimlich, lo familiar, que ha sido reprimido, es decir, negado.

La complejidad de este concepto es funcional para caracterizar y distinguir la realidad doble construida en “La escuela de noche” y “Casa tomada”. En los dos cuentos, lo conocido se torna extraño e inquietante, pero sólo en el texto incluido en Deshoras, la colección que clausura la cuentística de Cortázar, se produce un des-ocultamiento de aquello que las paredes y la noche silenciaban. Mientras Irene y su hermano se alejan de los ruidos, Toto persigue la música junto a su compañero y revela el hallazgo.

“Ómnibus”, otro de los relatos pertenecientes a Bestiario, también está protagonizado por una pareja que sufre una expulsión. Aunque esta vez el otro no permanece detrás del muro, su hostilidad se encuentra inexplicada. ¿A qué se debe la mirada amenazante de los portadores de ramos? ¿Con qué intención se acerca el conductor a los pasajeros? En “La escuela de noche”, en cambio, la presencia extraña no sólo es develada. El cuento también ofrece una explicación sobre el origen de aquella realidad segunda: el ambiente represivo de los ´30:

“Pero Nito dale con lo del poncho y la linterna, hay que decir que nos aburríamos bastante en esa época en que a tantas chicas las encerraban todavía bajo doble llave marca papá y mamá, tiempos bastante austeros a la fuerza”[9].

 

La revelación permite esclarecer el vínculo entre un plano y otro de la realidad, entre la escuela durante el día y la escuela de noche. Un ámbito de la sociedad y de la experiencia humana han sido negados: la femineidad y la sexualidad. Al mismo tiempo, la misoginia y el ascetismo generaron su contrario: mediante una serie de prácticas rituales se ha creado un mundo gobernado por lo reprimido. Tras la fachada de la disciplina escolar la mujer es un modelo digno de imitaciones y el sexo es la norma, es decir, una condición de la pertenencia.

 

Todo parece indicar que entre Bestiario y Deshoras se redujo “la extensión de la zona de silencio”. Sin embargo, este cambio no implica una disminución de las dificultades interpretativas: aunque la elipsis ya no gobierna el relato, las “capas de mentira” han doblado su espesor. Como veremos a continuación, en “La escuela de noche” el binarismo generado por la represión se ha interiorizado en el sujeto. Esta “psicologización” de la otredad requiere de nuevas estrategias de lectura que aquí intentaremos poner en práctica. En este trabajo nos proponemos pelar el “reloj alcaucil” poniendo especial atención en el encubrimiento que supone la negación.

 

El paciente

En una entrevista que Osvaldo Soriano realizó en 1983, año de la primera edición de Deshoras, Julio Cortázar define la Argentina como un territorio habitado por un cincuenta por ciento de analistas y un cincuenta por ciento de analizados[10]. “La escuela de noche” puede ser leído en estos términos.

Toto relata en primera persona un episodio de su infancia al que suele retornar en sus sueños pese a la voluntad de olvido. En su narración pueden encontrarse una serie rasgos característicos de la oralidad. Las expresiones coloquiales, por ejemplo, son una constante estilística: “...y claro, de golpe Nito y yo la noche en que nos metimos en la escuela, después no me acuerdo mucho de los sueños, pero algo queda siempre de Nito como flotando en el aire” (159).

Según Walter Ong, tanto la redundancia como la acumulación son aspectos propios del discurso oral[11]. A lo largo del relato hay un gran número de repeticiones y la sintaxis suele ser acumulativa antes que subordinada:

“El olor a escuela se multiplicaba  con el calor, era raro ver las aulas cerradas y fuimos a tantear una de las puertas; por supuesto, los gallegos porteros no las habían cerrado con llave y entramos un momento en el aula donde seis años antes habíamos empezado los estudios” (164).

 

Teniendo en cuenta estos rasgos de la expresión y la materia del relato, se puede decir que el texto guarda grandes similitudes con el discurso de un paciente en una sesión de psicoterapia. Desde este punto de vista, un lector armado con las herramientas del psicoanálisis debería estar particularmente atento a las negaciones.

“un contenido de representación o de pensamiento reprimido puede irrumpir en la conciencia a condición de que se deje negar. La negación es un modo de tomar noticia de lo reprimido; en verdad, es ya una cancelación de la represión, aunque no, claro está, una aceptación de lo reprimido. Se ve cómo la función intelectual se separa aquí del proceso afectivo. Con ayuda de la negación es enderezada sólo una de las consecuencias del proceso represivo, a saber, la de que su contenido de representación no llegue a la conciencia. De ahí resulta una suerte de aceptación intelectual de lo reprimido con persistencia de lo esencial de la represión”[12].

 

Ni-Toto

En la obra de Julio Cortázar, la concepción de una realidad doble “se va tramando en el binarismo que impregna todos los niveles textuales”[13]. La subjetividad es una de las áreas donde la duplicidad es más fecunda.

En “La escuela de noche”, los límites entre los protagonistas aparecen desdibujados. Desde el inicio se los caracteriza “como personajes complementarios entre sí, pero al mismo tiempo de conductas muy diferentes: mientras Toto aparece como un adolescente pasivo y lento en sus reacciones para captar los estímulos inmediatos, de Nito se destaca una actitud mucho más alerta”[14]. Es Nito quien persuade a Toto de ingresar por la noche en la escuela, quien identifica primero a los compañeros travestidos y reacciona con rapidez integrándose en el baile. Esta complementariedad genera una dependencia psicológica entre los personajes: “pero Nito había pensado por los dos” (162).

Una fuerte imbricación también se produce en la configuración de las voces. Por un lado, en el momento de los hechos, Nito habla por Toto: “Después –dijo Nito por mí- Volvemos en seguida” (169). Por otro lado, Toto asimila en su narración la voz de Nito mediante el discurso indirecto libre: “Fiori vino hacia nosotros antes de que pudiéramos equivocarnos, con el uniforme parecía mucho mayor y Nito creyó verle canas en el pelo bien planchado, seguro que se había puesto talco para tener más pinta” (169).

A su vez, en Toto se produce un extrañamiento respecto  a la propia subjetividad: “a lo mejor no era yo el que respiraba haciendo ruido” (172). Como veremos más adelante, no es casual que la alienación del personaje se produzca cuando Toto pasa por oftalmología, es decir, durante su iniciación sexual. Esta ajenidad se encuentra en correspondencia con un procedimiento a nivel formal: el pasaje de la primera a la tercera persona supone un desdoblamiento de la subjetividad: “…por qué entonces Toto y él entre esos otros aunque fuera culpa de ellos por meterse de noche en la escuela” (170).

En “Los últimos cuentos de Julio Cortázar”, Jaime Alazraqui afirmó respecto a Deshoras:

“El tigre o los conejos de Bestiario y la inversión motociclista /moteca o narrador /axolotl de Final del juego han sido reemplazados en Deshoras (y ya en colecciones anteriores a esta última) por la visión directa del narrador, que sin salirse de esa óptica que todos reconocemos como la nuestra de todos los días nos deja, sin embargo, frente a un silencio insólito que no es un hecho extraño o un quiasmo inquietante”[15].

 

¿Pero la perspectiva que asume Toto puede definirse como una “visión directa” o como una óptica cotidiana? Por el contrario, la focalización del relato es otro de los recursos que permiten fusionar a los personajes.

“En virtud de que el narrador es el protagonista, la historia es presentada en su mayor parte desde su perspectiva, lo que haría esperar en términos convencionales una parcialización selectiva del punto de vista. Sin embargo, conforme la trama se desarrolla muestra algunas peculiaridades significativas […] Hasta un punto determinado de la narración (el momento en que Nito y Toto se separan) existe una especie de relación simbiótica entre ellos, marcada por el registro de las impresiones de ambos personajes”[16].

 

Aunque el comentario de Avilés Icedo es preciso, es necesario extender su validez. Desde las primeras páginas del cuento, Toto menciona las percepciones y pensamientos de Nito como si fueran suyos: “Nito se estaba preguntando por qué la señorita Maggi seguía pareciéndose a ella misma a pesar de la peluca” (167).  Sin embargo, la omnisciencia del narrador no culmina con la separación de los personajes: Toto cuenta aquello que vio Nito mientras no estaba a su lado sin explicar de qué modo llegó a tener conocimiento de los sucesos:

“Nito vio que de la bruma violeta salía Caletti, uno de quinto ciencias, con los brazos en alto venía desde el fondo como resbalando entre los otros, sosteniendo en alto un perrito blanco que volvía a ladrar debatiéndose, las patas atadas con una cinta roja y de la cinta colgando algo como un pedazo de plomo, algo que lo sumergió lentamente en el acuario donde Caletti lo había tirado de un solo envión.[…] Todo eso yo no podía verlo porque detrás de la puerta que creo se cerró sola no había más que negro, me quedé paralizado sin saber qué hacer, detrás no se oía nada” (171).

 

Hacia el final del cuento, la imbricación de los personajes es subrayada por la escisión. Toto siente la ausencia de su amigo como un desgarramiento de sí mismo: “sentí la ausencia de Nito como algo insoportable” (174); “De todo eso me acuerdo poco, yo no era más que mi propia fuga” (177/8). A diferencia de la confusión de voces que se produce en las primeras páginas del texto, el narrador se refiere a la conversación que tuvo lugar durante el día siguiente como “dos monólogos cada uno por su lado” (179).

En su Introducción a la literatura fantástica, Tzvetan Todorov presenta la multiplicación de la personalidad como uno de los temas del fantástico. Otros teóricos representativos en el área de estudio coinciden con el autor en este aspecto. Rosemary Jackson, por ejemplo,  adjudica a la fragmentación de la subjetividad una función trangresiva: “Lo fantástico tiene el poder de interrogar la categoría del carácter, esa definición del yo como un todo coherente, indivisible y continuo que dominó el pensamiento occidental durante siglos”[17].

En “La escuela de noche”, la fusión de los personajes contribuye a la duda propia del fantástico. El narrador presenta la existencia separada de los personajes, su condición de individuos, como una garantía de la veracidad de su relato: “Pero esto no era una pesadilla, yo estaba a su lado y las pesadillas no se sueñan de a dos” (169). Por esta razón, la confluencia de los personajes genera una sospecha sobre la naturaleza de los hechos.

La concepción de una realidad doble ha penetrado en el sujeto: Toto y Nito se presentan como dos personajes diferentes, pero sus voces, sus pensamientos y sus miradas confluyen una y otra vez.

La relación entre los protagonistas del cuento es análoga a la que se establece entre la escuela de día y la escuela de noche. Entre las clases infatigables sobre El conde Lucanor y la reunión secreta, media una fuerza represiva. Durante la noche, domina aquello que ha sido negado en la sociedad bajo el ideal de virilidad y ascetismo.  Asimismo, Toto y Nito se encuentran vinculados a través de la negación. La proximidad de los nombres de los protagonistas es evidente: Toto es la mitad duplicada de Nito y Nito es la mitad negada de Toto. 

“El yo-placer originario quiere, como lo he expuesto en otro lugar, introyectarse todo lo bueno, arrojar de sí todo lo malo. Al comienzo son para él idénticos lo malo, lo ajeno al yo, lo que se encuentra afuera”[18].

 

Pero la negación no es sólo un elemento represor, sino que también funciona como una fuerza productora de un estilo. A lo largo del cuento, abundan las oraciones negativas: “…no parecía tan ilógico…” (161); “…merecíamos ese Cinzano que no tomamos porque no teníamos bastante plata” (162); “…no lo habíamos buscado, pero no sé si nos gustó” (162); “Ni a Nito ni a mí ni a nadie le gustaba el director” (163).

Además, en el texto son frecuentes las “incorporaciones negativas”, es decir, expresiones en las que no aparece explícitamente la negación sino a través de otra acción positiva. Los autores de la lingüística crítica[19] entienden los sistemas de modalidad como una internalización de las estructuras sociales. Las formas negativas, entonces, al funcionar como una supresión de significados de estructura profunda, permitirían la expresión encubierta de deseos y creencias. Hay una serie de "incorporaciones negativas" en el comienzo del cuento que vinculan estrechamente a Toto con su mitad negativa o negada (Nito): "la escuela anormal" (159); "Desortografiando el idioma" (159); "incomodidad que Nito y yo sentíamos" (160). Una vez más, la negación es el factor que liga a los personajes.

 

El tiempo

Nito y Toto pueden considerarse como miembros de una misma subjetividad escindida por una fuerza equivalente a la represión generadora de un doblez en la sociedad. Consideremos ahora el problema en diacronía. ¿Cuál es el vínculo entre el personaje y el narrador, entre el adolescente y el Toto adulto?

Aunque en el comienzo del cuento se marca una gran distancia temporal entre el momento de la acción y el del relato (“Han pasado tantos años y cosas…”)[20], los acontecimientos del pasado se actualizan al ser narrados: “No sé cuánto tiempo pasó, pero ahora nos dábamos cuenta de que la música venía de ahí” (165).

Asimismo, Toto relata gran parte de los hechos sin asumir una perspectiva presente; en varias oportunidades reproduce las dudas que lo apremiaban en su adolescencia en lugar de focalizar los sucesos desde el ahora para resemantizarlos: “y el otro podía ser Kurchin” (165); “y a lo mejor esa morocha de pelo caído en la cara  y caderas sinuosas era Moreira” (168); “ahora sí, ahora seguro era Moreira” (169).

Esa parte del yo que fue atraída por los juegos de la reunión secreta es negada en el presente: “De Nito no sé nada ni quiero saber” (159). Si en un principio la negación une a los protagonistas de la historia, en las últimas páginas del cuento nos encontramos con un in crescendo de las formas negativas explícitas que culmina en el enfrentamiento. Toto considera que es necesario denunciar de inmediato lo que habían descubierto:

“Nito, o voy solo, te juro que voy solo ahora mismo. No, dijo Nito, y había como otra voz en esa sola palabra  […] Me pareció como si todo se condensara de golpe en eso, en el no de Nito, en la sonrisa inimaginable de Fiori; era de nuevo el miedo de esa fuga en la noche, de las escaleras más voladas que bajadas, de los brazos abiertos del gallego manolo entre las columnas

-¿Y por qué no voy a subir? - dije absurdamente" (178).

 

Al decir “absurdamente”, el narrador imprime una perspectiva presente respecto a la negación. Mediante este adverbio, Toto le niega el sentido a su pretérito decir como si negar la voluntad de ese otro que es él mismo fuera un esfuerzo vano.

 

La escuela de la noche

El problema del desarrollo de la subjetividad requiere del análisis de un vínculo intertextual ineludible. El cuento de Julio Cortázar remite a El juguete rabioso, la novela de aprendizaje de Roberto Arlt, no sólo por la similitud con uno de sus episodios (el ingreso nocturno a la escuela) sino también por el nombre que el autor otorga a uno de sus personajes (el Rengo). En ambos casos se pone en cuestión una forma de ficción social, se devela la distancia entre lo real y lo aparente. En la novela de Arlt, la biblioteca es un mito liberal que intenta sublimar la violencia de la apropiación.

“…la metáfora de la biblioteca muestra, en el acceso ilegal, que este espacio a primera vista tan abierto, está sin embargo, clausurado: por de pronto hay que forzar “cuidadosamente” la entrada (p. 63). Infranqueable, bloqueada, para Arlt, la biblioteca no es el lugar pleno de la cultura, sino el espacio de la carencia”[21].

 

Por otra parte, “La escuela de noche” está construído a partir de la hipérbole de dos factores que se encuentran en El juguete rabioso. Los integrantes de la Sociedad Secreta se encuentran con un borracho, es decir, un personaje refractario a la disciplina escolar, que canta al recorrer los pasillos de la escuela. Al ingresar en el espacio del saber, aparece una suerte de inversión genérica: Silvio le dice a Enrique que Eleonora le regalaba flores[22].

Aunque las similitudes abundan, hay una serie de diferencias significativas entre los textos. En primer lugar, “lo valioso” en “La escuela de noche” no es más que un factor lateral, una idea con la que juegan brevemente los protagonistas: “A Nito se le ocurrió que podía haber algo valioso en el despacho del director, ya una vez lo habíamos visto cerrar con llave al irse” (163).  En el texto de Roberto Arlt se representa una fractura social generada por la distribución desigual de las riquezas y el saber. En el cuento de Cortázar, en cambio, nos encontramos con una grieta dentro de la individualidad generada por la imposición de una moral.

Existe otra distinción vinculada estrechamente con la anterior. En El juguete rabioso son los integrantes de la Sociedad Secreta quienes cometen el delito. En el cuento, en cambio, se produce una condensación: la ilegalidad está en el corazón mismo del espacio de los representantes y reproductores de la legalidad.

En ambos casos, la aventura genera dos procesos conjuntos: una división y una transformación en los personajes. Si bien la Sociedad Secreta no se disuelve, sus integrantes deciden paralizar las actividades. El robo de libros es una de las experiencias con las que comienza el “aprendizaje del mal”[23] de Silvio Astier. Su educación culmina cuando delata al Rengo, un acto que al traicionar dos legalidades: la del delincuente y la moral burguesa, constituye una nueva puesta en crisis de la identidad del protagonista, ubicándolo, una vez más, al margen de la sociedad.

Asimismo, Toto intenta denunciar una actividad clandestina en la que una parte de sí ya se encuentra involucrada. Sin embargo, el protagonista de “La escuela de noche” se integra en la sociedad mediante la negación de aquello que no se encuentra en armonía con la moral imperante. El costo de “formar parte” es la renuncia o el ocultamiento de una fracción de sí.

Estos son algunos de los puntos en que los textos de bifurcan. Sin embargo, una diferencia primordial espera su esclarecimiento. Si en El juguete rabioso Silvio Astier relata su aprendizaje del mal y de la humillación, ¿qué tipo de desarrollo sufre Toto?

“En el primer nivel de análisis, que carece de una postura comprometida ante la política latinoamericana, se puede interpretar este cuento como típico de los relatos de Cortázar sobre la adolescencia y los ritos de iniciación por el que transita todo joven. Las experiencias que el narrador describe reflejan la pérdida de su inocencia espiritual e intelectual la noche en la que explora la escuela y termina siendo participante involuntario en los excesos perversos del director y los otros conjurados […] La oposición día/noche establece la base del conflicto filosófico entre el bien/el mal, la verdad/la mentira, el orden/el caos”[24].

 

Es necesario analizar profundamente el pasaje de Toto por la escuela de la noche[25]. ¿En qué consiste su aprendizaje de la oscuridad? Las características de ritual iniciático que posee la visita a oftalmología invitan a reflexionar sobre el desarrollo sexual. Como veremos a continuación, la expedición nocturna tiene grandes similitudes con las características y etapas que Sigmund Freud ha identificado en la sexualidad infantil.

De acuerdo con la teoría psicoanalítica, uno de los indicios del primer florecimiento en la vida sexual del niño es el denominado “instinto de saber” o “instinto de investigación”[26]. Esta búsqueda puede relacionarse fácilmente con la idea de “hacerle frente a la escuela” mentada por Nito. A su vez, el travestismo con el que se encuentran los personajes remite a la primera de las teorías sexuales infantiles enunciada por Freud: la hipótesis de que ambos sexos poseen el mismo aparato genital (el masculino).

“El hecho de la existencia de dos sexos lo acepta el niño al principio sin resistencia ni sospecha alguna.  Para el niño es natural la suposición de que todas las personas que conoce poseen un órgano genital exacto al suyo y no puede sospechar en nadie la falta de este órgano”[27].

 

De modo análogo, Toto y Nito se encuentran con diferencias genéricas exteriores logradas mediante un disfraz que cubre, exceptuando a Maggi, un mismo órgano sexual.

Cuando el sujeto infantil logra superar esta convicción se produce el llamado “complejo de castración”. En “La escuela de noche”, el encuentro íntimo con Maggi, es decir, con el sujeto que marca la diferencia sexual, es simultáneo a un estudio oftalmológico. Sigmund Freud considera que tradicionalmente el miembro viril ha sido sustituído por el ojo: “El estudio de los sueños, de las fantasías y de los mitos nos enseña, además, que el temor por la pérdida de los ojos, el miedo a quedar ciego, es un sustituto frecuente de la angustia de castración”[28].

En cuanto a la violencia ejercida entre los invitados a la reunión secreta, debemos recordar las impresiones que suelen tener los niños al presenciar un acto sexual:

“Cuando los niños son espectadores, en esta edad temprana, del acto sexual entre los adultos, a lo cual da facilidades la convicción corriente de que el niño no llega a comprender aún nada de carácter sexual, no pueden por menos de considerar el acto sexual como una especie de maltratado o del abuso de poder; esto es, en un sentido sádico”[29].

 

A su vez, la fusión de los personajes y su posterior divorcio puede pensarse en relación con el pasaje del autoerotismo al encuentro de un objeto sexual exterior.

 “Freud ve al niño, inicialmente, en un estado de indiferenciación, en el que experimenta un natural amor a sí mismo y aún no distingue entre yo y otro. Esta distinción “aparece” cuando desde el yo se dirige un impulso libidinal a un objeto exterior a él: cuando la libido del ego se transforma en la libido del objeto. Lo que se forma en esta transformación es un reconocimiento del yo como objeto, como si se lo viera en un espejo, un espejo constituído por la mirada de los otros. Este yo es el ego, y se convierte en el medio de la propia definición e identificación. La fase del espejo realiza un cambio que va desde el “cuerpo en fragmentos” y una “asubjetividad de presencia total” (Lacan) al ideal de un cuerpo completo con una subjetividad unificada (construida). […]

La teoría del ego es Lacan es análoga al super-yo de Freud: propone el Je-ideal que es el yo ideal, al que el sujeto trata de conformar y con el que él (o ella) trata de coincidir, puesto que constituye su identidad. Lacan afirma que la creación del ego como un objeto, como Je-ideal, no sublima los instintos (es decir, no los desvía hacia metas o sexuales, socialmente valoradas) sino que los reprime (es decir, los niega)”[30].

 

Analógicamente, Toto se encuentra en un principio en un estado de indiferenciación respecto a Nito: sus voces, miradas y pensamientos aparecen yuxtapuestos. Sin embargo, existen entre ellos algunas diferencias fundamentales.

Nito es el personaje que manifiesta uno de los primeros indicios del desarrollo de la vida sexual del niño: quiere explorar la escuela durante la noche y persuade a su amigo para que lo acompañe. Esta idea desencadena una historia en la que los protagonistas se encuentran ligados a través del “no”. Hacia el final del cuento, Nito parece haber sido cooptado por los miembros de la sociedad secreta: se integra fácilmente en el baile, no necesita huir de la reunión y no quiere denunciar las fiestas clandestinas. Toto, en cambio, experimenta un pasaje del amor a sí mismo, es decir, la focalización en un personaje indiscernible de su yo en el que se condensa la pulsión sexual, a la identificación de un objeto del deseo exterior a él (Maggi). Esto produce un reconocimiento del yo como objeto, es decir, un extrañamiento o, en términos formales, un cambio de la primera por la tercera persona. A su vez, el narrador intenta adecuar su yo a la moral impuesta por la sociedad. El resultado de esta búsqueda constitutiva de la identidad es la represión, es decir, la negación de los instintos sexuales sintetizados en Nito. Al preguntar “¿Y por qué tengo que hacerte caso?” (179), Toto arroja fuera de sí todo lo malo. Este proceso continúa durante su adultez: el personaje se niega a recordar. Sin embargo, lo reprimido se manifiesta a través de la negación: Toto deja ver una parte de sí anteponiéndole una partícula negativa (Ni) que permite generar un nuevo nombre y establecer, de este modo, una identidad entre lo malo y lo ajeno.

 

Conclusiones

“La escuela de noche” aborda una temática recurrente en la obra de Julio Cortázar: la existencia de un doblez en la realidad. A diferencia de la incertidumbre que primaba en Bestiario, en este relato se produce un desocultamiento de aquel plano de lo real alternativo a la vida cotidiana. Esta revelación permite definir el vínculo entre el lado de acá y el lado de más allá: en la fiesta domina aquello que fue reprimido en la vida diurna: la femineidad y la sexualidad. Al mismo tiempo, el binarismo generado por la represión se ha interiorizado en el sujeto. La confluencia de voces, pensamientos y miradas constituye a Nito y Toto como miembros de una misma subjetividad que ha sufrido una fragmentación. Dada la importancia de la negación en el vínculo entre los personajes y los cambios que se producen en su relación a lo largo del cuento, la escisión puede considerarse como un producto de la represión que experimenta el individuo como consecuencia de su “aprendizaje de la noche”.

La aventura narrada en el cuento dramatiza el desarrollo sexual del niño y la problemática constitución de su ego. La iniciativa de Nito, el travestismo, la violencia y el pasaje por oftalmología son algunos de los aspectos que remiten a las características y las etapas de la sexualidad infantil distinguidas en el psicoanálisis. En este derrotero constitutivo del yo, Nito es la figura que condensa simbólicamente la pulsión sexual. Por esta razón, este personaje puede considerarse como un producto de la necesidad de crear una subjetividad en la que lo refractario a la moral establecida permanezca en el dominio de lo ajeno.

Esta lectura ha sido posible a partir, sobre todo, de un seguimiento de la negación puesta de relieve en “La escuela de noche” mediante las similitudes del relato de Toto con el dispositivo discursivo creado por el psicoanálisis. En la obra de Julio Cortázar, el pasaje de “Casa tomada” a “La escuela de noche” es un camino desde el silencio hacia una palabra esquiva que se resiste a ser atrapada. Esta transformación supone un cambio en el pacto de lectura constitutivo de cada texto. Leer “La escuela de noche” ya no consiste en llenar significantes vacíos, sino que la tarea hermenéutica se ha aproximado a la invitación propia del género policial: la lectura se convirtió en una pesquisa. Sin embargo, en este cuento de Cortázar se reproduce la incertidumbre característica de la primera colección de relatos. Toto no es el administrador de una información de la que tiene pleno dominio, sino que es el narrador de un desconocimiento fundamental: la ignorancia de sí mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

 

 

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-                      Freud, Sigmund, “Lo siniestro”, “La negación” y  Tres ensayos para una teoría sexual en Obras completas, traducción directa del alemán por Luis López Ballesteros. (Versión electrónica).

 

-                      Gambetta, Aida, “Julio Cortázar. Homo Ludens” en Revista Relaciones, 52, vol. XIII., 1992.

 

-                      Hodge, Robert y Kress, Gunther, Cuadernos de Sociolingüística y Lingüística Crítica Nº 1. El lenguaje como ideología, Buenos Aires: OpFyL. Selección y traducción de Alejandro Raiter, Daniel Labonia, Mara Bannon y Julia Zullo.

 

-                      Huizinga, Johan, Homo ludens, Madrid: Alianza, 1984.

 

-                      Jackson, Rosemary, Faltasy: literatura y subversión, Buenos Aires: Catálogos editora, 1986.

 

-                      Kason, Nancy, “El compromiso político en `La escuela de noche´ de Cortázar” en Arancibia, Juana Alcira, ed. Literatura como intertextualidad: IX Simposio Internacional de Literatura. Buenos Aires: Inst. Lit. y Cultural Hispánico, 1993.

 

-                      Masotta, Oscar, Sexo y traición en Roberto Arlt, Buenos Aires: CEAL, 1982.

 

-                      Ong, Walter, “Algunas psicodinámicas de la oralidad” en Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra, México: FCE, 1993.

 

-                      Piglia, Ricardo, “Introducción” a Arlt, Roberto, El juguete rabioso, Buenos Aires: Espasa Calpe, 1993.

 

-                      Todorov, Tzvetan, Introducción a la literatura fantástica, Buenos Aires: Paidós, 2006.

 

 

 

 

 



[1] Yourcenar, Marguerite, Alexis o el tratado del inútil combate, Buenos Aires: Suma de Letras, 2005, pp. 11.

[2] Cortázar, Julio, “Relojes” en Historias de cronopios y de famas/ Un tal Lucas, Buenos Aires: Alfaguara; 2004, pp. 93.

[3] Las referencias corresponden a “Casa tomada”, “Lejana”, “La salud de los enfermos”, “Pesadillas” y “Las puertas del cielo”.

[4] Ferro, Roberto, “Escritura y vida en los textos de Julio Cortázar/Un modelo para desarmar”. Versión electrónica: http://www.robertoferro.com.ar/, 2004, pp. 4.

[5] Avellaneda, Andrés, El habla de la ideología. Modos de réplica literaria en la Argentina contemporánea, Buenos Aires: Sudamericana, 1983, pp. 99.

[6] Aunque el vínculo entre la violencia y el goce no aparece explicitado, es necesario tener en cuenta que Toto denomina “juego” a la agresividad desencadenada por la voz “Tusa, caricatusa, pegar y pegar”: “Nito había retrocedido hasta quedar en el borde del círculo que empezaba a romperse sin ganas, como queriendo seguir el juego o empezar otros” (176). La práctica lúdica es indiscernible del hedonismo.

[7] Huizinga, Johan, Homo ludens, Madrid: Alianza, 1984, pp. 19. Citado por Gambetta, Aida, “Julio Cortázar. Homo Ludens” en Revista Relaciones, 52, vol. XIII, 1992, pp. 72.

[8] Freud, Sigmund, “Lo siniestro” en Obras Completas, traducción directa del alemán por Luis López Ballesteros. (Versión electrónica).

[9] Cortázar, Julio, “La escuela de noche” en Bestiario/ Deshoras, Buenos Aires: Alfaguara, 2004, pp. 161. Todas las citas del cuento pertenecen a la misma edición.

[10] “No, nunca fui a un sicoanalista. Siempre me rehusé, incluso en la Argentina en esa época en la que el país se dividía -como creo que está hoy-en cincuenta por ciento de analistas y cincuenta por ciento de analizados”. “Julio Cortázar. Reportaje de Osvaldo Soriano”, Revista Humor, 1983. Versión electrónica: http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/esto/revdesto155.htm

[11] Ong, Walter, “Algunas psicodinámicas de la oralidad” en Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra, México: FCE, 1993, pp 43-47.

[12] Freud, Sigmund, “La negación” en Obras completas, traducción directa del alemán por Luis López Ballesteros. (Versión electrónica).

[13] Ferro, Roberto, Op. Cit., pp. 4.

[14] Avilés Icedo, César, “Resolución estética del compromiso político en `La escuela de noche´ de Julio Cortázar” en Ruta crítica. Estudios sobre Literatura Hispanoamericana, México: USON, 2007, pp. 156.

[15] Alazraqui, Jaime, “Los últimos cuentos de Julio Cortázar” en Revista Iberoamericana, LI: 130-131, 1985, pp. 30. El subrayado es mío.

[16] Avilés Icedo, César, Op. Cit., pp. 157.

[17] Jackson, Rosemary, Faltasy: literatura y subversión, Buenos Aires: Catálogos editora, 1986, pp. 82.

[18] Freud, Sigmund, “La negación”, Op. Cit.

[19] Hodge, Robert y Kress, Gunther, Cuadernos de Sociolingüística y Lingüística Crítica Nº 1. El lenguaje como ideología, Buenos Aires: OpFyL. Selección y traducción de Alejandro Raiter, Daniel Labonia, Mara Bannon y Julia Zullo.

[20] ¿Acaso unas cuatro décadas después? Además de tener en cuenta el momento histórico en que se sitúan los hechos, no debemos perder de vista el contexto en que fue leída la colección de cuentos: 1983. Jaime Alazraqui considera que “La escuela de noche” “es una metáfora de esa Argentina traficada y aterrorizada por el autoritarismo militar”. Alazraqui, Jaime, Op. Cit., pp. 40.

[21] Piglia, Ricardo, “Introducción” a Arlt, Roberto, El juguete rabioso, Buenos Aires: Espasa Calpe, 1993, pp7.

[22] Arlt, Roberto, El juguete rabioso, Buenos Aires: Ediciones Nuevo Siglo, 1994, pp. 37.

[23] Masotta, Oscar, Sexo y traición en Roberto Arlt, Buenos Aires, CEAL, 1982.

[24] Kason, Nancy, “El compromiso político en `La escuela de noche´ de Cortázar” en Arancibia, Juana Alcira, ed. Literatura como intertextualidad: IX Simposio Internacional de Literatura. Buenos Aires: Inst. Lit. y Cultural Hispánico, 1993, pp. 187.

[25] El uso de la preposición “de” en el título implica cierta ambigüedad. Por un lado, remite al momento en el que se desarrolla la experiencia. Por otro, el “de” adquiere un matiz temático y refiere a una escuela donde se enseña la noche, es decir, todo aquello que se vincula con el campo semántico de la nocturnidad.

[26] Freud, Sigmund, “La sexualidad infantil” en Tres ensayos para una teoría sexual, Obras completas, traducción directa del alemán por Luis López Ballesteros (Versión electrónica).

[27] Ibidem.

[28] Freud, Sigmund, “Lo siniestro”.

[29] Freud, Sigmund, Op. Cit.

[30] Jackson, Rosemary, Op. Cit., pp. 88. 

 

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