METALITERATURA

Revista de literatura

Javier Cercas en la 39° Feria del Libro

6/13/2013 Entrevista
El escritor español, autor de Soldados de Salamina (Tusquets, 2001) y Anatomía de un instante (Mondadori, 2009), participó de la entrevista abierta “Novela y realidad” en la 39° Feria del Libro.
 
Por:   Milanese Julia

El escritor español, autor de Soldados de Salamina (Tusquets, 2001) y Anatomía de un instante (Mondadori, 2009), participó de la entrevista abierta “Novela y realidad” en la 39° Feria del Libro. Allí habló de sus dos libros más reconocidos y de su nueva novela Las leyes de la frontera en el marco de la Cátedra Abierta en homenaje a Roberto Bolaño organizado por la Universidad Diego Portales y la editorial Mondadori.

 

-          ¿Cuál es la relación entre realidad y ficción en tus libros con esto de que lo que cuenta la historia está hecho como una novela, y lo que podría ser una novela, como Leyes de la frontera, o ficción aparecen en estos diálogos extraños que no llegan a tener la forma de una novela?

No lo sé, en cada libro es distinta. La ficción pura no existe. La ficción siempre está contaminada de realidad. Si existiera la ficción pura no tendría el menor interés, pero es que además no existe. Está contaminada de realidad, felizmente contaminada de realidad. La realidad es el carburante de la ficción y por eso la ficción es interesante. Entonces en cada libro que escribo, esa relación es distinta, porque cada libro es una cosa distinta con unas reglas distintas, con unas necesidades distintas. Nunca se puede comparar una cosa con otra. Yo procuro no repetir nunca. Cada libro tiene que tener sus propias reglas, y si tú repites las mismas reglas, estás haciendo trampa.

-          En muchos de tus libros, como en tu última novela Leyes de la frontera, aparece la figura de un escritor/personaje que media entre los narradores y la novela final, ¿por qué desarmas así la fantasía de la narración?

Esa es una constante en casi todos los libros que yo he escrito. Porque el pacto que hago con el lector es distinto al de la novela realista. Yo le digo al lector, esta es una novela; y trato de hechizarle. La novela realista le dice al lector “esto es la realidad” y yo le digo al lector “esto es una novela, pero es una novela que cuenta la realidad, que cuenta la verdad”. Todas las novelas establecen estrategias distintas para hechizar al lector, engañarlo, para hacerle creer que eso que está ocurriendo es verdad. En eso consiste la literatura. Lo dijo mejor que nadie Gorgias en el siglo cuarto antes de Cristo: “la literatura -la poesía, dice él, la ficción- es un engaño en el que quien engaña es más honesto que el que no engaña y el que se deja engañar es más sabio que el que no se deja engañar”. ¿Qué te parece? Es preciosa, ¿no? Esa es la literatura, esa es la ficción. A través de un engaño, de un desvío.

-          En cambio en tu libro Anatomía de un instante sucedes al revés.

Anatomía de una Instante no es una ficción. Anatomía de un instante es probablemente una novela, yo creo que es una novela, pero sin ficción. ¿Por qué? Porque las reglas del libro lo exigen, porque la pregunta que me hice, que está en el corazón del libro, exigía eso. Esto he intentado explicarlo en mi introducción. Así que era necesario que no hubiera ficción. Es un libro raro. Cada libro es como es.

-          Otro tema que usted trata mucho, es el tema de la Verdad

Sí, pero la verdad literaria que no es la verdad de los hechos, no es la verdad periodística, no es una verdad científica. Es una verdad distinta. La verdad histórica, esto desde Aristóteles lo sabemos, la verdad histórica es la verdad factual, la verdad concreta. Busca qué les ocurre a determinadas personas en determinada época y en determinado lugar. Eso es la histórica, que es una verdad factual, concreta. En cambio la verdad literaria no es así, la verdad literaria es una verdad abstracta, moral, universal. Busca qué les ocurre a todos los hombres en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Y a esa verdad sólo se llega mediante el rodeo de la ficción.

-Y sin embargo Gafitas, el protagonista de Las leyes de la frontera, se va  al final sin saber la verdad.

En mis novelas ocurre eso. Y creo que en las grandes novelas a menudo ocurre eso: son una búsqueda de la verdad en la cual, al final, la verdad se escapa. Como el agua en las manos, se escapa, psss, se va. Son una búsqueda frustrada de la verdad, porque seguramente la verdad es la búsqueda de la verdad.  La verdad existe, pero quien cree poseerla, o es un cretino o es un mentecato. Seguramente la máxima verdad a la que podemos aspirar es la búsqueda de la verdad. Y por eso en mis novelas siempre ocurre eso. A menudo ocurre eso, y en todas las grandes novelas ocurre eso. Es acaso el lector el que puede elegir la verdad con la que se queda. El autor no se la puede dar, porque el autor lo que hace es formular preguntas, no da respuestas. O al menos no da respuestas claras, inequívocas, taxativas, como da la historia, a veces, o como da el periodismo. Las verdades en la novela son siempre verdades ambiguas, contradictorias, esencialmente irónicas. Esas son las verdades de la novela, no se parecen a las verdades de la Historia. Son distintas.

-          Justo esas verdades de la historia que quisiste eliminar de Anatomía de un instante porque decís que era como una gran ficción.

Anatomía de un instante es un libro muy raro. ¿Sabes por qué es muy raro? Porque es un libro imposible, en el fondo, porque persigue las dos verdades al mismo tiempo. Esto es un disparate, no puede ser. Es un oxímoron. Persigue la verdad de la historia, contar qué ocurrió en determinado lugar. Contar la conquista de la democracia en España. Y al mismo tiempo busca las verdades literarias, la verdad moral. Y lo que quise hacer ahí fue borrar todas las falsas verdades, todas las ficciones, todas las leyendas que se habían ido adhiriendo a un determinado hecho histórico. Es el libro más distinto a los míos que he escrito, seguramente, porque el acontecimiento era muy especial. Es como alguien que se pone a escribir un libro sobre la muerte de Kennedy, es lo mismo. Y el tema determina las formas. “La forma es al fondo, lo que el calor al fuego”, dice Flaubert. Está muy bueno eso. El tema determina la forma, y, a su vez, la forma determina al tema. En la literatura la forma es el fondo.

-          Dijiste que este era el mejor momento para escribir en español…

Desde el Siglo de Oro, creo.

-          ¿A quién estás leyendo que escriba en español? Algún autor nuevo.

Por ejemplo, he leído a un escritor español, que se llama Ignacio Vidal-Folch, tiene un libro que se título Lo que cuenta es la ilusión, es un diario, es excelente, muy bueno, me ha gustado mucho.

 

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