METALITERATURA

Revista de literatura

Presentación de Entretanto por Eugenia Limanski

9/9/2019 De novelas

Conocí hace algunos cuantos años, a Eugenia Limanski,  brevemente, entre ese instante que iba de entrar ella a las clases del Profesor Ferro y nuestro salir con Ana Abregú de la clase del profesor que acabábamos de terminar; leves miradas, grandes interrogantes… 

 
Por:   Licciardi Graciela

Y luego la vería años más tarde en la participación en el Ciclo Cultural Misterio y Palabra que dirigimos con David Sorbille en la cual Eugenia fue nuestra invitada especial.

 Hace poco llega a mis manos el libro de Eugenia, y cuento en tiempo presente: la novela Entretando, y, entre tanta riqueza  escrituraria de esta novela, y que, en este preciso instante,  me toca hablar por una suerte de mágico privilegio… les contaré lo sucedido.

Comienzo a leer la novela y un simbronazo me sacude, estoy ante un texto que me causa perplejidad. Luego me voy adentrando, recorro sin respiro la escritura, me sumerjo en un mundo lindante con la ensoñación,  una escritura que no cesa, me  envuelve el personaje narrante que de inmediato me  convierte en cómplice de su propio destino, paso a ser esa mujer yacente, no hay margen para ser otra que ella, esa mujer que hace que mi yo deje de ser mío para convertirse en el de ella, y ya no me es ajena, ya soy ahí, el Dasein, paso a estar engarzada a la historia, a la posibilidad y a la imposibilidad de hacer, de decir, de hablar, de palpar de ese personaje femenino.

La arquitectura de la novela pone en juego a creadores y destinatarios, unidos por la palabra y “los estremecimientos”. La palabra de esta manera, cumple su sentido, un sumiso o no, delirio, un juego de ajedrez, un itinerario zigzagueante.

 

El trabajo del doble explícito en el mismo texto, Ella/Yo, cada una de mí, dice el personaje en las entrañas de la escritura, se involucra en la otra: “qué carajo hago aquí” dice el personaje, somos todos los lectores invitados a estar, los lectores cómplices como diría Cortázar. La autora resalta el devenir o detención y ejerce una traspolación con el término “ahora”, nos sujeta en el tiempo. El personaje nos hace caer al abismo en forma constante. “Recordar es perseverar” dice y hasta juega con nosotros, los lectores, cuando escribe sobre el delay, cuestiona las palabras, sus significantes y significados.

 

De pronto nos encontramos en ese “Ahora del pasado”, así lo nombra y no tenemos más remedio que comulgar con sus afectos. De manera amplia, comienza a ejercer sobre la escritura una multiplicidad de sentidos tales como la instauración del gran juego de narradores: “Me veo narrada por el hombre” dice el personaje en forma heroica y desarrolla el metatexto con total naturalidad, en medio de hechos narrados por la protagonista a fuerza de pensarlos y manifiesta: “Estar en estado de latencia, casi vegetal, tiene alguna ventaja, puedo recordar como si estuviera leyendo una novela narrada desde varias voces, además puedo, alternativamente, entonar una voz en primera, que no es mi voz. Es un consuelo trivial; esto de estar tan quieta en la realidad como inquieta en el recuerdo”. Y es así en sí misma la novela de Eugenia Limanski. Una polifonía textual. La novela se construye desde antes.

 

Sigo leyendo para querer saber y  luego contarles a ustedes, este día y me encuentro con la pugna del personaje inmerso en esa estaticidad y ese deseo profundo de un cambio de realidad, les leo: “Ahora lo daría todo para que en esta precisa hora alguien en el mundo, sin importar nacionalidad, color de piel o lo que sea, me abrazara. ¿A quién verdaderamente he tenido a mi lado en el mundo? Estoy siendo dramática y sé quienes me acompañaron a lo largo de mi vida. He conocido y gestado una paleta variada. Recuerdo haberlo leído; pero ahora no sé cuál es el rumbo; eso sí, quiero estar en mi casa. No importa si tengo que quedarme allí, reconoceré los olores y si han variado sabré por qué sucedió.

 

Y sí,  habla de una paleta variada como lo es el personaje que es artista plástica. Hay  pasajes de la narración en la que aparecen los hijos que van a verla, sobrinos, amigos y hay un río que la separa de su abuela, orillas secretas, ancestros, otras lenguas, manifiesta el personaje que además ha sido jugadora de tenis de hockey.

 

Esta novela da cuenta de una travesía sin máscaras, entrelazamientos de palabras de unos pocos iluminados, de cuerpos en sintonía. Eugenia le ha puesto todo a este personaje, y cuando yo, personalmente digo todo, hablo de  pulsión de vida y muerte, Eros y Tánatos, expresa la voz narrante: El vínculo con el mundo, son mis sentidos, están atrapados en una fijeza inexplicable, pero se mantienen alertas, aún están resonando en mí las palabras que voy haciéndole decir a la voz narradora, y creo que estoy magnificando la sensualidad, digamos, una necesidad de verdad poética.

 

En esa pulsión de vida que atraviesa toda la novela hay diferentes estadíos de placer, de erotismo y no está exenta la forma del saborear la sangre del otro o la descripción del éxtasis alcanzado con los cuerpos sobre un gran papel, los cuerpos pintándose y que se empapan en este devenir: cito: Las huellas de Javier y mis huellas se inscriben en la hoja, están ahí, en un intercambio constante. El cuerpo erotizado en el contacto crea siluetas etéreas. El goce es incesante, y majestuoso el abanico de iluminaciones. El goteo gestado por el encuentro parece trascender el vestigio de la estampa grabada. La consumación del contacto, instaura un firmamento en el que las imágenes se entrelazan con un perfume infinito. Los cuerpos mezclados, con el líquido y pigmentos, despiertan un acontecer extremo bajo el intercambio constante de marcas y el disfrute se perpetúa en los dos, fundidos conmigo.

 

También en la novela está presente Eros en un párrafo donde la voz narrante goza del  placer inusitado y alcanza la cópula con las propias palabras.

 

El personaje, en esta novela que es un solo texto sin divisiones en contraposición con la fragmentación que hay en él, en historias que recuerda y construye la mente del personaje que no tiene un fin claro y preciso como es esperable y entonces nosotros sus lectores nos constituímos en criaturas insatisfechas por esas mismas metaficciones que la autora nos instala.

Deja cabos sueltos, apela a un interlocutor que el personaje, esa mujer que construye relatos, que imagina, que desea, que se erotiza, ejerce sobre nosotros la oscilación del propio texto y la mímesis se hace en el acto de crear el discurso que se va haciendo a medida de la lectura que ella misma va construyendo de unas notas escritas en un cuaderno…

 

Es como la cinta de moebius, la escritura es esa cinta con una sola cara y un solo borde que tiene la propiedad de ser un objeto no orientable, el símbolo del infinito como lo son esos monólogos fingidos como a dos voces que coexisten en la novela Entretanto.

 

Siempre algo queda en suspenso y el tono se torna irónico por momentos cuando le dice al supuesto interlocutor, que somos cada uno de nosotros, los lectores cuando vemos escrito lo siguiente: Dirá que es grandioso cómo dispongo de esos espejos deformantes. Permítame la risa… ¿quiere reírse conmigo? No sea vergonzoso, permítase que aflore lo que sea, no voy a enojarme, el humor logra cosas inverosímiles.

 

El espesor de la latencia elige una mirada para ver. El personaje se va despejando de la túnica blanca de ese lugar. El sarcasmo también está presente cuando el personaje expresa: Dibujo caricaturas de las personas, las más espléndidas, y para ser franca: otras horripilantes

Denuncia la hipocresía de muchos, postula otros textos como un espiral de aprendizaje, utiliza esa paleta de colores escriturales como en toda una isotopía que expande con las palabras. Describe diversas formas artísticas entre la escultura, la pintura, la música y la literatura.

 

A mi, a Graciela, ante dicha lectura la textualidad me  envuelve en una espiral concéntrica que me  eleva a momentos inusitados, en una desesperación anhelante por poder gritar, otras por callar, otras por seguir soñando, evocando, sumergiéndome  en el dolor, en la desesperanza, en la calidez, en la pálida sensación del olvido.  Ya quedé atrapada, tendida en la trampa de la inercia, de los sucesos narrados, encadenada y seducida.

La vigilia constante del personaje asevera la mímesis con la ensoñación, todo lo circundante se vuelve núcleo, elaboración mental, el cuerpo va y viene aunque la materia esté detenida. La ficción no comunica sino significa en forma constante lo que siente esa mujer que no es ella sino yo, como les dije antes, porque al leerla ya nos desapropiamos de todo, ya la protagonista, una, ella, habla desde la nuca, desde la percepción de los hechos, de las cosas, de esos seres que ve y con los que no puede comunicarse. Leo: Estoy inmóvil pero no lo estoy, el recuerdo me vivifica, me sostiene, me retuerce me sincera de los amores vividos con intensidad, de los colores que se mezclan en la incertidumbre de los días.

Ya casi no me quedan palabras para expresar… Entretanto, de Eugenia Limanski es una gran metáfora de la inmovilidad  en el mundo en que se encuentra un ser creativo y espiritual en contraposición a la mediocridad humana, inmersa en una incapacidad alarmante de una realidad en franca podredumbre.

Lean la novela de Eugenia, no saldrán indemnes… no digan que nos les advertí… los invito a vivir esta experiencia maravillosa.

                                                                                          

 


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María Claudia Otsubo – 3 de septiembre de 2019 – SADE

 

Fotos del encuentro:

 https://www.facebook.com/AbreguAna/media_set?set=a.10156623159953861&type=3&uploaded=88

Video: https://youtu.be/MfckgB2PvAI




Ana Abregú.

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