METALITERATURA

Revista de literatura

El telar de la memoria entre la palabra y la imagen

11/6/2020 Interesante

Salvo tus manos se da leer como un vasto cruce genérico  entre el diario, la novela, el ensayo y el libro de viajes.

 
Por:   Ferro Roberto

La escritura de Inés Messore fluye por diferentes planos, insertando en el texto fotos, manuscritos, dibujos, recortes de periódicos y  documentos. Ante la imposibilidad de disponer de un metalenguaje que expanda los límites de la expresión humana compone un notable artefacto en el que la palabra se apoya en la imagen y viceversa. En su obra, Messore despliega una teoría del conocimiento que, sin eludir la introversión, invoca el diálogo con el otro. La intimidad no puede constituirse por sí misma,  sino que emerge de la relación con el mundo exterior.

La tapa de Salvo tus manos es una condensación del gesto que articula su proyecto. Inés Messore teje una urdimbre en la que la sensualidad de las voces líricas y narrativas se asienta tanto en la visión como en el tacto.

Las palabras inscriben esa cercanía en una suerte de visibilidad posible. En el tacto hay una percepción del cuerpo externo y la sensibilidad del propio cuerpo que es percibido. En cambio, en la visión, el ojo que mira no aparece a sí mismo en la percepción. Contradiciendo estas observaciones sobre tal distinción, en Salvo tus manos  las voces que dicen los fragmentos figuran las miradas como roces y no como  ejercicios de visión. Las miradas perciben como si estuvieran tocando lo que ven. La desnudez representada se ofrece al encuentro, esa exposición de los cuerpos alienta la caricia que es una aproximación sin fin. Esa aproximación que enfrenta las superficies tiene vocación de profundidad, ajena a todo ejercicio de dominio. La escritura toca mientras ve para permitir que el otro instalado en la memoria, la otredad que viene de lejos en el tiempo o en el espacio, surja en toda su diversidad.

Para disponer los materiales de su texto Messore apela una y otra vez al formato del cuaderno de bitácora. Lo que pretendo examinar a través del viaje es el movimiento, el ritmo, casi la respiración entre lo mismo y lo otro, entre el presente y la memoria. Ese trazado recoge travesías constituidas por exploraciones que, desde luego, no se reducen a la mera constatación, esto es, a descripciones escénicas o afines, sino que fueron vividas en hondura, como un viaje interior, viaje sentimental o temperamental que se ha consumado, simultáneamente, con el tránsito exterior. Sus intervenciones se abren a la mirada lectora a través de un itinerario posible entre muchos otros. Un itinerario que atraviesa regiones sin bordes precisos en el que la inquietud nómada de Inés Messore ha buscado profundizar las insondables dimensiones de la otredad en un amplio espectro de sus manifestaciones posibles y ha intentado asumir el diseño de su identidad como un proceso en devenir, al tiempo que su propia voz se configura en la modulación de registros  de gran heterogeneidad, articulados en formas literarias abiertas a múltiples derivas de sentido, orientadas hacia la avidez de los lectores. Hay en ese gesto un alejarse de sí misma, objetivarse en palabras, actos o formas, para transformar los estados interiores en una instancia del  yo de la escritura. La configuración de la identidad no se asienta tan solo en el ensimismamiento, sino que se va haciendo en un vasto tapiz en el que muchos de sus hilados provienen del mundo que nos circunda. Altera  así  la idea  agustiniana, de lo interior a lo exterior y de lo exterior a lo superior, que en Salvo tus manos no implica la experiencia de lo sobrenatural, sino la posibilidad de tentativas de conocimiento más comprensivas. Desde esa perspectiva, Messore diseña un itinerario hacia el centro  de la intimidad atravesando territorios que asedian y complementan una sutil cartografía. Su escritura se nutre  de los cruces de ricas hibridaciones  entre lo ajeno y lo autobiográfico porque entiende que la comprensión no es una percepción clara y distinta, sino una vivencia donde interactúan la conciencia y el mundo, apoyándose uno en el otro.

Habiendo planteado la visión poliédrica y fractal de su obra, voy a trazar una guía de viaje que me permita distinguir los leit motivs que se encuentran en su obra. Con ese propósito dividiré estas líneas en tres ejes temáticos a modo de estrategias de aproximación. Ellos serán: el uso de la fotografía y el archivo, la añoranza y la memoria, y el viaje como autoexploración interior. El objetivo de de mi exposición consiste en   el trazado de un mapa que sirva para esclarecer y desentrañar los entresijos de la obra. Bajo este prisma, Messore se muestra como una flâneuse de la memoria, una paseante ávida de experiencias nomádicas, circunstancia que la asemeja a una guía de los escenarios de su propio pasado y por lo entornos que le dieron consistencia, un eterna exploradora de lo que no puede ser ni determinado ni clasificado. La flâneuse, figura surgida a finales del siglo XIX, funcionaría como clave de acceso al entramado que sirve de sustento a sus narraciones y poemas. La deambulación por territorios misteriosos, el viaje hacia nuevas comarcas en un constante peregrinaje, hace que confluyan en la rearticulación de una identidad en tránsito. Para especificar esa aseveración, es imprescindible la caracterización de las temáticas que constituyen el andamiaje de su entramado. Para alcanzar ese propósito recurro a la figura de la constelación porque es un dispositivo en el que se dan vínculos entre el uno y el múltiple.

Salvo tus manos sitúa  al lector en una orilla (podría haber escrito “a la vera”, pero la posible connotación con vera effigies, la imagen verdadera de algo o alguien, me ha disuadido de la posible confusión) o en otra orilla, en un borde o en el otro borde, en el margen o el otro margen, ubicado, entonces,  entre la labilidad del recuerdo, que deja escapar los restos de sentidos, y la permanencia de la escritura, que se confabula con la fascinación de lo leído en un escenario montado por una constelación de voces narrativas y poéticas forjadas con las imágenes con las que se entrelazan; como ese lector orillero me dejado   arrastrar por la tentativa (mezcla de tentación y proyecto) de escribir como si yo también fuera un transeúnte de un pasado encantado por el sortilegio de la evocación. El límite nunca está fuera del escenario sino que la hendedura que lo pone en abismo y saca a la escritura de los desiertos tan poblados de estereotipos y la hace delirar con imágenes de colinas de arena movidas por una mirada que se cree otra, que se cree la mirada de Inés  Messore.

 Cada motivo temático que expone tiene relación con los demás, y ninguno de ellos puede ser entendido en su totalidad sin un eslabón que los relacione. Por ello, la pertinencia de un método cartográfico unirá los diferentes tópicos que se sustraen del análisis de la obra de Messore, y a la misma vez, conformarán una constelación reticular. Las imágenes insertadas en el texto remiten a la noción de archivo. Ese lenguaje agrega una dimensión notable a los relatos,  un segundo nivel del discurso que expande y provoca en su consistencia la conjunción entre mirar y leer. La hibridación de las artes no es algo nuevo, desde la máxima de Horacio ut pictura poeisis hasta nuestros días, los regímenes visuales siempre han convivido con los textuales. Esta imbricación sufrió un considerable impulso con el arte conceptual, que debe ser entendido junto con el mensaje escrito. El arte contemporáneo actual vive una feliz convivencia con la literatura; en la última década algunos escritores se inspiran en temas artísticos para sus textos o directamente utilizan las imágenes de igual forma que el texto. En el caso de Messore, su predilección por el uso de imágenes se extiende hacia la utilización de fotografías de varios géneros, de reproducciones de objetos de un amplio espectro, de recortes de prensa y revistas, de cartas y diagramas, Todos estos elementos producen en el lector un extrañamiento poco frecuente en la literatura y conforma una etnografía peculiar, una suerte de artificio  de compilaciones variadas que lo sitúa en la línea de autores como Sebald o Auster donde el aspecto visual es palpable. En este punto, Salvo tus manos exhibe fuertes vínculos con el arte contemporáneo, sobre todo en la insistencia en el fragmento: archiva y documenta y a la misma vez crea un juego entre la ficción y la realidad. Las imágenes funcionan en Messore como portadores de recuerdos, son materiales que aparecen como potenciales generadores de reflexión teórica y como indicios  de la complejidad del mundo. Fotografías que forman parte de recortes, deshechos y conforman, de esta forma, una poética del fragmento. En este sentido, existe un procedimiento alegórico de la imagen, se trata de un deslizamiento de valores simbólicos en las fotografías que tienen la función de pasaje que conduce hacia al desciframiento de su silencio inicial, desvelando su significado oculto  como envíos de destellos connotativos. Según John Berger: “La fotografía, irrefutable en cuanto evidencia, pero débil en cuanto significado, cobra significación mediante las palabras. En ese momento, unidas las dos, se vuelven muy poderosas”  Mediante la unión entre la cosa y la palabra, entre el  discurso y la imagen, el resultado adquiere una mayor amplitud de sentido en un proceso de fusión en el que la escritura, en su forma física y gráfica establece una sutura inseparable con lo visual. Se trata de una búsqueda que se propone ir más allá, un proyecto de objetivación de lo ausente, de lo que permanece invisible y que las imágenes son capaces de trasmutar y materializar en su alianza con las palabras. Esta búsqueda es concretada por Messore con plena consciencia del proceso: consiste en transcribir lo absoluto, lo que no se puede definir, es una estrategia que se basa en la representación paradójica de lo invisible. Las imágenes que utiliza trascienden la mera representación visual para ofrecer otras posibilidades de interpretación. En los textos de Messore, la recurrencia a la inserción de fotografías se debe a una apuesta por lo real. Las imágenes operan como un lema de autenticidad y revelan uno de los problemas centrales de la escritura, que es la legitimación y la llegada a la verdad por un recorrido similar al de los meandros. Los relatos y los poemas en alianza con los componentes  visuales que los acompañan llevan el efecto de lo real a un extremo luminoso. Inés Messore realiza un juego entre la invención de historias a veces basadas en hechos de la memoria compartida otras en su propia autobiografía. Un laberinto híbrido que puede ser denominado autoficción. El término proviene de un neologismo francés ideado por Serge Doubrovski, que se puede definir  como el testimonio autobiográfico de una voz ficticia que comparte su nombre y apellido con quien se presenta como autora. Esta aproximación que propongo se apoya en la  certeza de que en Salvo tus manos los fragmentos gravitan alrededor de un yo que habla en primera persona oscilando entre la autobiografía y la imaginación literaria, pero en el terreno ambiguo que queda entre ambos. El valor documental de la imagen juega un papel fundamental y entronca con la noción de archivo, creando una ambigüedad provocada y, en ocasiones, fulgurante y, a su vez,  también alcanza una elaboración subjetiva: la rememoración del pasado. Las voces narrativas y poéticas  describen en reiteradas ocasiones el impacto que ciertas fotografías les producen. Los recuerdos movilizan siempre la memoria, como si las imágenes tuvieran su propia memoria y evocaran ellas mismas cómo eran quienes posan en ellas, de cómo fueron en ese pasado los que ya no están y los supervivientes. Las imágenes que se entreveran en sus textos, parecen revelar los sentimientos que sobrecogen al lector, en ellas siempre hay un hundimiento del tiempo: esto ha desaparecido y se trata de salvaguardar su retorno. Asimismo el entramado de Salvo tus manos es la exhibición desaforada del potencial de la fotografía como una ayuda, un apunte, un pretexto que sitúa la escena para una rememoración. Por ello, el uso que hace en estas fotografías, dibujos, esquemas, enfatizan el rasgo de autenticidad y veracidad que es buscado en la intertextualidad de los poemas aunque sean imaginarios y de los  relatos, aunque sean ficciones y a la vez funcionan como pasaje y huella que destella el pasado, apuntalando la proximidad que aportan. Messore consigue articular un doble discurso que quizás pasa inadvertido en una primera lectura, pero que debe ser analizado y estudiado en profundidad: la de documentar  textos imaginarios y reales mediante las imágenes que provocan tanto una expansión del texto escrito, como portadoras de una dimensión inasible para las palabras. La ambivalencia queda entretejida en un doble juego donde la búsqueda del pasado queda marcada por una inquietud insistente: el rescate de lo recóndito, lo que no volverá. Quedan entonces, como testigos mudos, las fotografías, los recortes, los dibujos, los mapas, que certifican los restos de una ausencia que se intenta recuperar: el recuerdo que las imágenes ofrecen es un refugio que mitigan ante la intemperie que provoca el irreversible paso del tiempo.

Inés Messore nos propone un viaje por los desfiladeros de la memoria en las se asoman hechos casuales, acontecimientos que han quedado adheridos a algún punto de fuga indeleble que las palabras y las imágenes intentan atraer al presente para que no sean devorados por la pandemia del olvido. La autora  bordea los bordes de la temporalidad existencial y de las delimitaciones genéricas con una fina y delicada maestría. Salvo tus manos es una experiencia original y apasionante.

Roberto Ferro

Buenos Aires, Coghlan, octubre de 2020.

 




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