METALITERATURA

Revista de literatura

CRETINISMO

11/4/2004 Interesante
Las invasiones Bárbaras
 
Por:   Luis Ormaechea
Con numerosos premios ganados en todo el mundo (Mejor Guión y Mejor Actriz en el Festival de Cannes 2003, nominaciones como Mejor Película Extranjera en los Golden Globe y en los Oscars), Denys Arcand vuelve a presentar a los personajes creados hace 17 años para su exitoso y premiado film La decadencia del imperio americano (1987). Tratando de que su pequeña historia tenga una correspondencia con la Historia, para este realizador la caída imperial debe continuarse con Las invasiones bárbaras. (No obstante, y como veremos más adelante, la elección de los títulos hace pensar más en un juego de palabras que en algún rigor histórico). Rémy padece una enfermedad terminal y se encuentra internado en el hospital. Su ex mujer, Louise, pide a su hijo Sébastien que vuelva de Londres, donde está desarrollando una brillante carrera en el campo de las finanzas, para estar junto a él. Sébastien tuvo muy poca comunicación con su padre en los últimos años, pero vuela hasta Montreal y, una vez allí, trata de comprar el máximo confort para su progenitor. Haciendo gala del poder del dinero y, al mismo tiempo, poniendo en evidencia la corrupción que el film supone presente en todos los ámbitos de la vida, Sébastien reúne a los amigos, los colegas y las amantes de su padre. Una vez que el cuarto del hospital se llena de “viejos conocidos”, comienza un desfile incesante de frases ingeniosas y un esmerado recorrido por los principales hitos de la sociedad burguesa del siglo pasado. Entre las reflexiones de los personajes, hay una que resalta especialmente: a lo largo del siglo veinte ciertos grupos de la burguesía habrían pasado por todos los “-ismos” posibles, marxismo, trotskysmo, existencialismo, estructuralismo, etc.; pero sólo uno de ellos parece haberse mantenido constante: el cretinismo. Y, muy coherentemente, tal es la actitud general que caracteriza a Las invasiones bárbaras. Amparándose en la nostalgia de un tiempo mejor, Denys Arcand apela a todos los recursos disponibles para ganarse la simpatía del público, construyendo su espectador ideal en la figura de un burgués de clase media alta, con pretensiones intelectuales, cierta incorrección y progresismo políticos, y un inconfundible amor por la “alta cultura”. Rémy está absolutamente convencido de que hemos entrado en los tiempos de las invasiones bárbaras: “Uno no puede viajar a Nueva York por miedo de que un musulmán loco decida matarlo”, afirma en uno de sus cínicos comentarios. Para este profesor de historia, la civilización que comenzara con Dante y Montaigne está a punto de desaparecer. Además, suele quejarse de las diferencias generacionales –“mi hijo es un capitalista ambicioso y puritano, mientras que yo he sido siempre un socialista sensual–, y pasa largas horas añorando el período “libertino” de su vida.
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