METALITERATURA

Revista de literatura

De la naturaleza afectiva de la forma por Nicolás López-Pérez, chileno.

3/3/2021 Interesante

Y al otro lado qué hay al otro lado

Qué escondes libro al otro lado

El comienzo de la vida más hondo que todos los idiomas

O el comienzo de la muerte largo como un acantilado de sueños

 

 
Por:   Abregú Ana

El pensamiento en paz y calmo, hacia el texto de Nicolás López-Pérez, el momento de la ruptura entre la realidad y la literatura. Es la primera página de De la naturaleza afectiva de la forma; el “acantilado de sueños” el nombre ausente que convoca transfigurar la clave amorosa de un texto que habla con una lengua nueva; no es la evocación melancólica, si no el acto mágico y contundente de permanecer en el instante en que se va a entrar a la potencia de un texto concretado en un libro.

El universo literario del escritor plantea un encadenamiento indiscernible de la forma escrita, no sólo la palabra, sino el espacio, la transgresión gramatical y el cálculo preciso en el dibujo del texto.

 

El comienzo de la minúscula, con una conjunción, da cuenta de la idea de que nada comienza, todo bien de algo y va hacia algo; la conjunción manifiesta la característica de incensancia que involucra el mismo acto de escribir, un paisaje que se surca estableciendo relación entre la obra y su exterioridad, el acto que la expone en ficción que se presenta como una forma híbrida entre realidad con signos de impugnación en categorías literarias que obligan a enfrentar el texto con instrumentos del arte: la organización, el tipo de letra, el encuadre, el prorrumpir con criterios estéticos inesperados.

En la evasiva ordenación entre imagen y texto, el escritor nos propone un modo de lectura o significado, si se quiere, proveyéndonos de un anclaje en signos de grafo:

 

La idea desestructura géneros y subjetividad; siempre que hay la sugerencia de un recorrido, inevitablemente reponemos la idea de vida como juego, una Rayuela que podremos enfrentar desde diferentes entradas, no sólo físicas, con el libro mismo entre manos, sino también en narrativas con apariencia de biografía; la gráfica recupera el método de clasificación de los Formalistas rusos aplicado a nuevos significantes para la materialidad escritural; “software”, lo que no se puede tocar en un dispositivo, sino el encargado de los aspectos de aplicación programada; “hardware”, el aspecto sólido, lo que se puede tocar; la indicación de encuentros y dirección de lectura –dado por la orientación de las flechas–, concurren en una apelación a eventos, ocurrencias e intervenciones de elementos literarios y el mundo que lo genera; escritor, lector, libro; elementos espaciales, nubes o río; sugerencias que exhiben un desgarramiento de formas dentro del continente de la obra, planteando un equilibro gráfico, espacios concretos, proposiciones implícitas.

Este texto exhibe exploraciones de otros textos –Escombrario es otro libro publicado por el autor–, formando exploraciones de lo real, lo escritural, como materialidad, además de su significado.

Los recuadros de la primera fila, podrían tomarse como partes –en lo personal, la distribución del texto en un formato regular al que refiere partes o a su significado, parece quedar obsoleto en este texto, ya que la concisión o unidad de ideas o cualquiera de los significados con que se quiera indicar con “parte”, en la trama de este texto resultará insuficiente–, la clasificación de la primera columna, aparenta una forma de metaforizar la organización en relación a aspectos físicos o dirigir la experiencia, lo que pone en marcha un juego de inquietudes que involucra algún punto de convergencia entre la tecnología y su intervención en el juego literario.

Podemos encontrar una mímesis de el montaje y el gesto de Ezra Pound, o los mapas mallermianos, Martín Kohan[1] en  Significación actual del realismo críptico, expresa que un texto actual aspira a sacudirse el término de formalista, como si ello fuera sinónimo de no realista; o como si el texto estuviera sometido a un sistema a priori diera cuanta del artificio. Nicolás López-Pérez exhibe el artificio, lo representa como los formalistas con funciones, relaciones y elementos, pero utiliza su propio sistema de articulación, o si se quiere de experiencia como escritor millenials; literatura en un contexto fuera del texto; sobre todo con la mención de elementos de otros campos de significación, como el informático, con el efecto de distanciar lo autónomo de lo ficcional. El texto se propone como texto y como el transcurrir de la escritura mientras se crea, así como los dispositivos de producción.

 

Se enuncia el diseño de representación de planos; el plano geográfico, el plano íntimo, el estar en la deriva del texto en curso, un contraste entre la estructura gráfica, los márgenes perfectos, el cuadro, el límite, y lo irreal de la vida escrita, sus defectos, la pretensión fútil de condiciones; la palabra detrás de la “conciencia”; utilizando el nomadismo entre las interioridades del narrador y los géneros de producción.

 

El lector se encontrará con diferentes sistemas de organización, poemas, enumeraciones. La permanente duda sobre la proposición textual moverá el concepto sobre el género o el aspecto de acontecimiento o reflexión o errancia escritural, una experimentación que parece negar la condición de representar algún género, la elección entre subjetividad engañosa, exposición de deseos o intimidades, resulta en una heterogeneidad contenida en la forma, “el afecto de las formas”, dirá el título del libro.

Los textos se entrelazan escribiéndose a sí mismos, no sólo en este libro con sus 765 páginas, sino entre época del escritor; tiempos pretéritos donde ya la forma asoma construyendo la escritura como dispersión en el espacio y en el tiempo.

 

 

La imagen que vemos emula el viejo arte de las primera computadoras, código ASCII, denominado arte de caracteres; adhiere a la escuela del puntillismo, generado con signos ortográficos, puntos, comas, barras –slash–, ampersand –&–, el gesto de armonizar una idea con elementos de escritura, convertirlos en grafía e incluir texto poético; un ritmo en el residuo de diferentes formas de representación; compulsiones, gestos que se repiten, mímesis de sistemas que impugnan formas literarias, en un permanente y desasosegado fluir; mientras la realidad impacta en el proceso de escritura.

 

Hace referencia a los anuncios de niños que desaparecen que suelen colocarse en los cartones de leche. Stencil es una técnica de enmascarado, una plantilla invertida, lo que se debe ver es lo que no está en la plantilla. Las inquietantes referencias desafía la abstracción de la forma. El texto se trasvierte como conectado por una estética de la rabia, por momentos respira crueldad.

 

La traducción de Deutschunterricht, es precisamente: lección de alemán, se expresa la ambigüedad sobre definiciones que tanto aplican al idioma, como al universo literario.

La ambigüedad entre referentes es un planteo en todo el texto; desde los elementos a la metatexualidad, intentos de articular los diferentes aspectos de la significación para ponerlos en contradicción con elementos de la realidad o de objetos; el lenguaje, la imagen, la geografía, pone en contacto una forma de narrar el mundo interior del escritor y el mundo que lo circunda, constituido por casualidades, lecturas, intervención teorías, modernismo y contramodernismo, posmodernismo; tradición de vanguardia y refundación de objetivos literarios.

No podía ser ajeno a lo que aportan la tecnología, en la página 458 –supongo que el lector hará lo que esta grafía nos ha condicionado a hacer, acercar el dispositivo móvil.

 

Y en este punto, estamos frente a un hecho físico que involucra al lector, salir del mundo plano a otro medio. El escritor no sólo pone en cuestión nuestra biblioteca, en sus múltiples referencias a otros textos y formatos, sino que ahora induce a la acción del lector. Debo decir que participar no decepcionará, no deje el lector pasar esta oportunidad.

 

(pag. 606)

Este fragmento es escrupuloso en detalles en términos de procedimiento, destituye la frontera entre objeto –el libro–, el texto, el lector –ellos, nosotros–, como una maquinaria presuposicional en la contingencia de la pandemia como parte de la confrontación entre la figuración de la realidad y literatura.

Se habla del sistema del texto, no del individuo –el escritor–; hay un juego de “representaciones y sus máscaras” a la manera de Jean Genet, en el sentido de lo que no hay referencia a objeto de la imagen, el muro, a su representación de lugar, sino a sino algo en la frontera entre objeto, lector, texto; “siempre hay otro aliento en el mío, otro pensamiento en el mío, otra posesión en lo que poseo, 1000 cosas y 1000 seres en mis complicaciones: todo pensamiento verdadero es un agresión” –Jean Genet–, que hace ostensible el espejo del espejo que es otro espejo como mímesis de palabra que representa imagen que representa lo que se ve, pero se lee. No hay una traducción que dependería del lector –Maurice Blanchot–, no hay una identificación de lenguaje con la imagen, que a su vez es una conjetura entre la figura, el carácter,  el glifo, la letra, el dibujo del signo, en  dimensión de puntillismo –– y la causa del texto en el sentido de buscar su genealogía–, no es la trascendencia del signo, sino su producción de sentido.

Las diversas mixturas de composición entre imagen, signos, textos que conciertan la propuesta de De la naturaleza afectiva de la forma, remiten a una apariencia de la técnica del collage, sin embargo, resulta más adecuada la palabra: colaboración; las estrategias de representación se armonizan de tal forma que parecen estar remitiendo a un polifónico conjunto de singularidades que en este texto repercuten en la sensación de tiempo inmóvil, de circularidad entre lecturas y tejidos argumental, por momento axiomático y tenso.

Un texto que postula la melancolía como un objeto de perversión escritural, desplazamiento de poética ciliar, entre la mente y los ojos; reverberación de una literatura detallista que no se deja sujetar.

Leer este texto es como un viaje con espíritu de aventura literaria hacia las obsesiones del escritor.

 

Ana Abregú, marzo 2021.

www.metaliteratura.com.ar

Nicolás  López-Pérez  (Rancagua,  Chile,  1990).  Poeta, traductor y abogado. Ha publicado en poesía: las   plaquettes Geografía de las geografías (Chile, 2018) y Coca-Cola Blues (México, 2019), el  objeto de  reacción  literaria  Escombrario (Chile,  2019),  los artefactos La violencia creadora y El sol ciego(Chile, 2019 y 2020) y los libros Tipos de triángulos(Argentina, 2020), De la naturaleza afectiva de la forma (Argentina/Chile,  2020)  y  Metaliteratura &   Co.   (Argentina,   2021).   Traducciones   suyas   han sido publicadas en   las    revistas Saposcat (Chile), Poesía (Venezuela) Metro arte+literatura (Chile), Otra iglesia es   imposible (Argentina), Lenguaje Perú (Perú). Entre 2018 y 2019 cofundó y  codirigió la   revista &   microeditorial de   nueva poesía    latinoamericana    Litost.    Actualmente:    coordina     el     laboratorio     de     publicaciones     Astronómica;  administra  la  mediateca  de  poesía  La comparecencia infinita;  colabora en   la   revista de   literatura   latinoamericana   Metaliteratura; hace crítica literaria en el Diario Cine y Literatura; escribe,  traduce  y  hace  coleccionismo  de  ocasión  en su blog personal La costura del propio códex.



[1] Martín Kohan, crítico, docente y escritor argentino.





Ana Abreg�.

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