METALITERATURA

Revista de literatura

Los dos hermanos

3/10/2005 Mapuches
Ilustración Huadi.
 
Por:   La extraña
Dos hermanos huérfanos salieron en busca de su tío, Latrapay Viejo. Caminando, llegaron a un lago. Te voy a despiojar, hermano -, le dijo uno al otro, porque de tanta tristeza le habían aparecido piojos. Mientras su hermano le despiojaba la melena, resbaló de la piedra donde estaban y se ahogó en el lago. El que quedó se lamentaba desconsolado, cuando salió del agua el ahogado, montado en un zaino brillantes, que relumbraba entero con la plata de su empendrado. - Por qué lloras, hermano? - le preguntó al de la orilla. - Acabo de perder a mi hermanito... ¿No soy yo tu hermano? - dijo el salido del agua. El otro lo reconoció y le pidió que también lo despiojara a él. Y el segundo hermano cayó al lago, y salió también montado en un oscuro grandote, también cubierto de plata. Y los dos salieron al trote, en busca de su tío. Se les cruzó el Chimango: ¿Adónde van, compañeros? - preguntó. Gente que come carne de lomo lastimado de caballo, no nos habla a nosotros- respondió uno de los hermanos. Y siguieron la marcha. Y se apareció el Carancho: Gente que come culebras no nos habla a nosotros - lo atajó el otro. Y siguieron. Al Jote tampoco le respondieron. ¡Cabeza pelada, comedor de carne de perro! - le gritaron Sólo al Buitre le contestaron, porque come carne de ternero. Y le dijeron que iban en busca de su tío. ¿Ustedes son sobrinos de Latrapay Viejo...? - los reconoció el Buitre-. A la salida del bosque viven sus dos hijas... ¡los recibirán muy bien! Al trote y haciendo tintinear la plata de sus aperos, cruzaron una pampita y llegaron a casa de sus primas. Tan bien los recibieron, que inmediatamente decidieron casarse: los hermanos con las dos hermanas. Pero el Viejo, del otro lado del bosque, desconfiaba al no saber de sus hijas. Y envió a su hijo varón, el Zorro, para que averiguara. Trotando en su petiso llegó el Zorro, pero los hermanos pudieron ocultarse. - ¿Están bien las dos? - preguntó el recién llegado. El Zorro fue dos veces más a averiguar. Pero las hijas seguían sin visitar al Viejo. El zorro, desconfiado, llegó otra vez despacito y entró a la casa por atrás. ¡Y pilló a sus hermanas abrazadas con dos hombres, como gente casada! Recién llegaron nuestros primos..., ¿ves? - se justificaron ellas. A trote largo partió el Zorro. ¡Ya me jugaron sucio mis sobrinos! - bramó el Viejo. Les dirás que vengan a voltear un árbol que va a aplastarme la casa; si no, ¡que me devuelvan a mis hijas! Llegaron los sobrinos y Latrapay les dio dos hachas tan malas que rebotaban en la madera. Pero los hermanos (que sabían de brujería) pidieron al Cielo dos hachas sagradas, con las que voltearon el árbol enorme en cuatro hachazos. Al Viejo le dio rabia que los sobrinos cumplieran. Y pidió más. Una piedra enorme está por aplastarme la casa - les dijo; ¡sáquenla! Los hermanos invocaron al viento Norte y al viento Oeste, y una tormenta tremenda movió la roca, apartándola de la casa. Dos toros malísimos - insistió el Viejo - siempre me amenazan cuando salgo al campo. ¡Mátenlos! Como los hermanos no podían con ellos, llamaron del Cielo a dos cuzquitos, dos perritos pastores que enfrentaron a los toros. Éstos los tragaron vivos; pero, ya en la panza de las fieras, los cuzquitos devoraron sus entrañas, bebieron su sangre, y los toros cayeron muertos. Los hermanos los cuerearon, rescataron a los perritos (que volvieron del Cielo) y enviaron los cueros al Viejo. Pero, mientras carneaban a los enormes animales para hacer charqui y llevar a sus esposas, Latrapay - ya del todo furioso - resolvió vengarse en sus hijas. Y se llegó hasta la casa de las hermanas y las mató, y las dejó cubiertas con sus mantas como si estuvieran dormidas. Al llegar con el charqui, los hermanos descubrieron el crimen. Y tan tristes quedaron que no quisieron que toda la vida se acabara con ellos. Llamaron a su cuñado el Zorro, que decidió ayudarlos, y con su petiso tordillo salió, con una gran olla de barro en las alforjas, en busca de la Noche Eterna que iba a acabar con la vida. Pero se enteraron el Chimango, el Carancho, el Jote y el Buitre, y convocaron al Parlamento de las Aves para evitar el desastre: ¡la vida iba a desaparecer otra vez de la Tierra por el orgullo de los hermanos y las maldades de Latrapay! Entonces la Perdiz tuvo una idea: esperó al Zorro cuando volvía, al trote, en su tordillo y con toda la Noche Eterna en la olla de barro, y se cruzó con un rápido vuelo chillando fuerte delante del petiso: ¡Prriii...!" El animal se espantó, volteó al Zorro, tiró las alforjas, rompió la olla..., y la Noche Eterna se evaporó. Y la vida siguió sobre la Tierra. Los hermanos se murieron de tristeza y el Viejo Latrapay, de rabia; pero los pajaritos siguieron alegrando con su canto los floridos valles de la Cordillera.
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