METALITERATURA

Revista de literatura

Teocalli, Artemio.Una lectura de La muerte de Arte

9/11/2005 De novelas
No sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo, si somos la misma cosa yo, tú. Tú eres pobre, lo soy yo; soy de abajo, lo eres tú; ¿de dónde has sacado tú, soldado, que te odio yo? Me duele que a veces tú te olvides de quién soy yo; caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo Nicolás Guillén
 
Por:   Lopez Silvana R.
Teocalli, Artemio.Una lectura de La muerte de Artemio Cruz. Por Silvana R. Lopez. No sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo, si somos la misma cosa yo, tú. Tú eres pobre, lo soy yo; soy de abajo, lo eres tú; ¿de dónde has sacado tú, soldado, que te odio yo? Me duele que a veces tú te olvides de quién soy yo; caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo Nicolás Guillén La muerte de Artemio Cruz, es la segunda novela de Carlos Fuentes, después de La región más transparente, el texto está fechado en La Habana en 1960 y en México en 1961, se publica en 1962. La novela trata de dar cuenta de una totalidad desplegando un trabajo con el fragmento como recurso literario: un espejo partido en múltiples trozos en el que cada uno reproduce una realidad que antes de romperse correspondía a una imagen única. La fragmentación genera, en el corazón de la novela, una tensión entre continuidad y descontinuidad. Esta tensión se resuelve con el montaje de la narración sobre tres perspectivas en las que cada una comienza con un pronombre de la instancia verbal: Yo –Tú –Él. Este dispositivo se repite en el texto de manera invariable a través de doce secuencias que siguen el mismo orden. La recurrencia al uso del dispositivo yo-tú-él y al fragmento es una estrategia altamente productiva que permite construir un panóptico colocando a Artemio Cruz en distintas instancias de la narración, de la trama y de la fábula: Yo: El devenir existencial de Artemio Cruz: Es el último día de vida del protagonista, horas bisagras donde se unen el pasado de su vida, a través del recuerdo, y el presente. Tú: El devenir cíclico: Es la inclusión de la historia de Artemio Cruz en el tiempo mítico mexicano que se abre al futuro. Él: El devenir de la historia: Son doce fechas claves en la historia de vida de Artemio Cruz que se entrecruzan con los sucesos históricos, políticos y sociales de México. La muerte de Artemio Cruz, a partir de su título, instala un campo semántico preciso: la muerte. La novela rezuma muerte tanto constructiva como temáticamente: el corte violento del fragmento y la muerte de su protagonista. Mi propósito en el presente trabajo es rastrear, mediante una lectura crítica, la genealogía de Artemio Cruz en el devenir trigémino del tiempo narrativo. Intentar responder porqué el texto le propone al lector asistir a una alegoría de la muerte y a la muerte de Artemio Cruz como espectáculo, cuando la muerte es la clausura de una escritura, una muerte viviéndose, qué estrategia narrativa motiva matar a Artemio Cruz, ya, desde el título. Una materia propia A través de los fragmentos, se lee cómo Artemio actúa e interactúa en el microcosmos textual. Es como si la dinámica del texto lo lanzara como una pelota que atraviesa, incólume, rompiendo los tabiques especulares de la trama narrativa. Artemio se presenta construido como un centro de fuerzas, como una mónada . Las mónadas no tienen ventanas por las que algo pueda entrar o salir por ellas, no tienen agujeros ni puertas. La mónada es la autonomía del interior, un interior sin exterior . Artemio es una fuerza, tal vez un titán (algo de lo invencible se juega en su construcción) plegado sobre sí mismo. Un ente individual cuyos bordes intactos establecen un corte abrupto entre él y lo que lo rodea. El exterior, de contornos difusos, no puede penetrar su fachada, así como tampoco la mónada tiende puentes con él, sólo delimita fronteras. Artemio Cruz, sin embargo, y de eso trata la novela, modifica el exterior con su accionar invariable e implacable, dictado por la lógica monadal. El escritor Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, precisamente en el capítulo Máscaras mexicanas, describe al mexicano como un ser cerrado y lejano, a tal punto es cerrado que el ideal de la hombría consiste en no ‘rajarse’ nunca, ‘tener tajo’ es una atributo femenino ligado a la debilidad o a la traición. La construcción del protagonista como una mónada, en mi lectura, estaría refiriendo a este modelo, en extremo, del ser mexicano. Artemio Cruz posee en su interioridad una información que sella y define su naturaleza: la mónada es hija de la chingada. El hijo de la chingada es el engendro de la violación y de la violencia, hijo de Isabel Cruz, modelo de ‘hijo’ de la historia de México. “Si la Chingada es una representación de la Madre violada, no me parece forzado asociarla a la Conquista, que fue una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias…”, denuncia Octavio Paz. La mónada artemiana repite, una y otra vez, el accionar de la orden de la chingada. Una vez lanzada sigue una trayectoria helicoidal invariable. Las muertes por sustitución y la épica de la traición restallan a su paso. Artemio seguirá viviendo y las huellas de las muertes y traiciones se plegarán a su materia en forma de recuerdos. Nadie conoce a Artemio Cruz. Nadie sabe cómo es. La mónada no se hace visible, sólo muestra su fachada. Nunca dice nada ni nunca pide nada, dice Laura, una de las mujeres a las que ha amado, sólo Gamaliel, cuya consistencia es similar a la de la mónada, reconoce en él esa esencia que los une. (CONTINUA; por favor BAJE el archivo)
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