METALITERATURA

Revista de literatura

Cefalea

11/24/2008 Cortazar

Relación entre lenguaje científico y lenguaje poético en “Cefalea” de Julio Cortázar

En este trabajo me propongo realizar una aproximación al análisis del cuento “Cefalea” de Julio Cortázar, tomando como ejes para el análisis la presencia de un lenguaje científico que aparece entrelazado y en ocasiones superpuesto con un lenguaje poético. También pondré de manifiesto cómo se relacionan en este cuento, los elementos provenientes del mundo científico con el elemento fantástico propuesto en este cuento.

 
Por:   Martín Sabrina


Sin embargo, toda la ciencia de esta tierra no me dará nada que pueda asegurarme que este mundo es mío. Me los describís y me enseñáis a clasificarlo. Me enumeráis sus leyes y en mi sed de saber consiento en que sean ciertas. Desmontáis su mecanismo y mi esperanza aumenta. En último término, me enseñáis que este universo prestigioso y abigarrado se reduce al átomo y que el átomo mismo se reduce al electrón. Todo esto está bien y espero que continuéis. Pero me habláis de un invisible sistema planetario en el que los electrones gravitan alrededor de un núcleo. Me explicáis este mundo como una imagen. Reconozco entonces que habéis ido a parar a la poesía: no conoceré nunca. ¿Tengo tiempo para indignarme por ello? Ya habéis cambiado de teoría. Así, esta ciencia que debía enseñármelo todo termina en la hipótesis, esta lucidez naufraga en la metáfora, esta incertidumbre se revuelve en obra de arte.

Albert Camus, El mito de Sísifo

 

 

En este trabajo me propongo realizar una aproximación al análisis del cuento “Cefalea” de Julio Cortázar, tomando como ejes para el análisis la presencia de un lenguaje científico que aparece entrelazado y en ocasiones superpuesto con un lenguaje poético. También pondré de manifiesto cómo se relacionan en este cuento, los elementos provenientes del mundo científico con el elemento fantástico propuesto en este cuento.

Antecede al cuento un epígrafe que contiene dos agradecimientos, a la doctora Margaret L. Tyler como también a Ireneo Fernando Cruz:

“Debemos a la doctora Margaret L. Tyler las imágenes más

hermosas del presente relato. Su admirable poema,

Síntomas orientadores hacia los remedios más comunes

del vértigo y cefaleas apareció en la revista Homeopatía

(publicada por la Asociación Médica Homeopática

Argentina), año XIV, n. 32, abril de 1946, pp. 33 y ss.

Asimismo agradecemos a Ireneo Fernando Cruz el

habernos iniciado, durante un viaje a san Juan, en el

conocimiento de las mancuspias.[1]

 

El epígrafe, por definición es un elemento paratextual que establece una relación el texto. Suelen funcionar como cita de autoridad sobre el texto que se encuentra a continuación. Desde este lugar, el epígrafe indica u orienta la lectura del texto.

En el epígrafe de “Cefalea” ya aparecen las dos líneas que van a entrelazarse en el cuento. Investigando acerca de este paratexto, encontramos que la doctora Margaret L. Tyler es una homeópata inglesa, autora de un libro llamado Curso de homeopatía para graduados (Homeopatía para tus hijos en http://books.google.com.ar), que se encuentra actualmente en conocidas librerías que ofertan sus catálogos en internet (www.lsf.com.ar, a modo de ejemplo). Teniendo en cuenta estos datos, podría considerarse que este epígrafe funciona como una cita de autoridad ante lo que va a aparecer en el cuento: las numerosas personalidades que la medicina homeopática describe de sus pacientes y considera, para la posterior medicación y que en el cuento el narrador atribuye tanto a sus compañeros como a él mismo: Aconitum, Bryonia, Phosphorus, etc. Pero, por otro lado, la lectura que se pone en evidencia del trabajo citado de esta doctora, “Síntomas orientadores hacia los remedios más comunes del vértigo y cefaleas”, muestra una dirección diferente. Pese a su título y a su contexto de aparición (Revista Homeopatía), el texto es leído como un poema. En el mismo sentido, las menciones que se harán de los cuadros homeopáticos en el cuento, son definidos como “hermosas imágenes” provistas por la doctora, lo cual unido a la mención del poema, podrían pensarse como imágenes convocadas por figuras como la metáfora, por mencionar una de las figuras recurrentes en la poesía. Tenemos aquí entonces una primera dirección o casi advertencia en la forma de leer el cuento “Cefalea”.

La segunda parte del epígrafe puede resultar más sorprendente. Al sostenerse el tono formal, podría pensarse que el término “mancuspias” pertenece al mundo animal o vegetal,  especie muy conocida por el mencionado Ireneo Fernando Cruz. Sin embargo, con una pequeña búsqueda, podemos saber que Ireneo Fernando Cruz era rector de la Universidad de Cuyo en la cual trabajó Cortázar entre los año 1944 y 1945 y que juntos “inventaron el calificativo `mancuspia` para todo aquello que fuera desmesurado y altisonante”[2]. Como vemos, la segunda parte de este epígrafe nos introduce en lo fantástico.

A lo largo del cuento vemos como estas dos líneas planteadas en los epígrafes comienzan a entrelazarse. Las mancuspias nunca son totalmente definidas, excepto por menciones fragmentarias que incluyen pocos aspectos físicos y hábitos. El cuidado de  ellas y la descripción detallada que se hace de este cuidado, se entremezclan con las características de los cuidadores de los que forma parte el narrador: “El otro [refiriéndose a uno de los integrantes de la casa], en cambio, es marcadamente Nux Vomica. Después de llevar la avena malteada a las mancuspias, tal vez por agacharse demasiado al llenar la escudilla, siente de golpe como si le girara el cerebro…” (pág. 182). El narrador que siempre se manifiesta como la voz de un grupo, demuestra que todos ellos conocen profundamente tanto la terminología médica como las características de cada cuadro, ya que pueden incluso discutir a partir de  los síntomas si es una u otra la denominación que le corresponde. Cuando se refiere el narrador a los malestares sufridos, siempre lo hace con un lenguaje científico (menciona los términos en latín, por ejemplo) y coincidiendo estrictamente con la medicina homeopática, la cual denomina la personalidad de un individuo con el nombre de la especie (vegetal casi siempre) que se utilizará como medicina para curar dicho malestar.[3]

Los cuadros se van agravando y su descripción siempre está mencionada en estrecha relación con el cuidado de las mancuspias: “Por momentos tenemos un poco de miedo a mirar hacia el suelo del corral – un cuadro Onosmodium marcadísimo - …” (pág 184), y más abajo: “en los últimos días – ahora que entramos en el período crítico del destete – uno de nosotros ha debido reconocer, con qué amargo asentimiento, el avance de un cuadro de Silica. (…) un vértigo que trepa por la columna vertebral hacia el interior de la cabeza; como el mismo trepar reptante (no hay otra descripción) de las pequeñas mancuspias por los postes de los corrales.” (pág. 184-185). A pesar de este permanente entrelazamiento entre los malestares sentidos por los cuidadores y el cuidado de las mancuspias, el narrador no establece una relación directa entre ellos de causa – consecuencia. Esta forma de descripción conjunta es justificada porque el texto es definido por el narrador como “notas para el doctor Harbín”, quien pide que se le detallen las situaciones. Sin embargo, ya entrado el relato, hay una mención vaga al lugar donde se encuentran (“seis leguas hasta Puán”) y una mención a la actitud de la gente de las poblaciones cercanas: “en las otras poblaciones se ha difundido el rumor estúpido de que criamos mancuspias y nadie se arrima por miedo a enfermedades” (187). Recién en este fragmento el narrador hace explícita y de forma indirecta, la relación entre la enfermedad o los malestares sufridos con el cuidado de las mancuspias.

Sin embargo el narrador, a través de escritura, irá más allá de esta posible relación causal (cuidados – malestares). El agravamiento de los dolores hace temer una cefalea y a medida que  esta se hace presente es cada vez más difícil para el narrador encontrar las palabras para describir lo que sienten: “Dolor de estallido; como si se empujara el cerebro; peor agachándose, como si el cerebro cayera hacia fuera, como si fuera empujado hacia delante, o lo ojos estuvieran por salirse. (Como esto, como aquello; pero nunca como es de veras).” (las cursivas son originales, pág. 189).

Ante la imposibilidad de escribir cómo es el dolor, la imposibilidad de describirlo, realizará comparaciones como las siguientes:

“Ese roce contra la ventana del baño que oímos de noche puede ser importante. Puede ser un síntoma de Cannabis indica; ya se sabe que un cannabis indica tiene sensaciones exaltadas, con exageración de tiempo y distancia. Puede ser una mancuspia que se ha escapado y viene como todas a la luz”

            A medida que avanza el relato, en las notas de este narrador, se irán fusionando las dos líneas de lectura postuladas en el epígrafe: ya no hay palabras del lenguaje científico, objetivo que permitan describir el dolor y los malestares, y como en la cita anterior se comienza a confundir entonces, los síntomas de un Cannabis indica, cuadro de la medicina homeopática[4], con el andar de las mancuspias, como si la descripción de esta personalidad fuese semejante a una mancuspia, que como hemos visto a partir del epígrafe, sabemos que sería asimilarlo a lo fantástico.

            Y es hacia el final del cuento cuando se abandona la comparación y se habla de lo que es “la casa es nuestra cabeza, la sentimos rondada, cada ventana es una oreja contra el aullar de las mancuspias ahí afuera” (el resaltado es mío). Incluso las palabras del libro médico permiten la fusión de este lenguaje científico con el lenguaje poético, la comparación se ha convertido en una metáfora: “algo viviente camina en círculo dentro de la cabeza, también lo leímos y es así, algo viviente camina en círculo. No estamos inquietos, peor es afuera, si hay afuera”. La casa es ahora la cabeza y el caminar en círculo descripto por el libro para este cuadro homeopático es ahora el caminar de las mancuspias alrededor de la casa (que es la cabeza). El relato de los síntomas alcanza su descripción absoluta cuando interviene lo fantástico.

            Para finalizar podremos decir, que el lenguaje científico de la medicina homeopática se ha vuelto insuficiente para que el narrador pueda describir su dolor y que por eso ha recurrido a un lenguaje poético a una comparación con las mancuspias y luego a una correspondencia directa entre éstas y la enfermedad o el síntoma. No sólo entonces se pone de manifiesto la insuficiencia de este lenguaje pretendidamente objetivo y exacto  sino que al realizarse la comparación con un signo que no tiene un referente real, sino que más bien, rápidamente puede reponerse una información sobre él que lo declara como “invención del término” (recordemos lo dicho al principio sobre la relación de Cortázar con Ireneo Cruz), puede suponerse una puesta en duda sobre la terminología y en definitiva la práctica homeopática. Si cada definición de personalidad propuesta por esta medicina es conocida en profundidad al punto de mencionarla en un lenguaje específico o académico como  muestra el uso del latín y si ellas son susceptibles de ser cambiadas o asimiladas a las mancuspias, que han sido introducidas en este cuento como un elemento perteneciente a lo fantástico, se manifiesta entonces un cierto descrédito de esta práctica medicinal y de sus lenguaje. Se muestra entonces la fragilidad del supuesto lenguaje objetivo y la posibilidad de que en un relato coherente y lógico sea transformado como dice el epígrafe en “imágenes de un poema”.



[1] Cortázar, Julio, Cuentos completos / 1 , Buenos Aires, Punto de lectura, 2005, pág. 181.

[2] www.alphalibros.com.ar (http://www.alphalibros.com.ar/index.php?IDSector=83&IDPadre=5&IDTexto_abrir=296)

[4]  VER http://www.interhiper.com/medicina/Homeopatia/cannabis%20indica.htm

 

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