METALITERATURA

Revista de literatura

El otro Joyce de Roberto Ferro

12/6/2011 Interesante

Cuando dos es más de dos:El otro Joyce de Roberto Ferro

 
Por:   Montalbano, Julieta

 

El artificio radica en haber intentado montar un teatro de la fascinación construido sobre la convergencia de falsos espejos, como ventrílocuo aficionado he elegido dos personajes para armar una farsa y he creído que podría mover mi escritura tratando de revelar el secreto de un diálogo imposible.

 

Aquel que lee una crítica de una novela policial está demandando una delación. La crítica del policial implica algún modo responder a la exigencia de anticipar una revelación. Confesar el crimen. Gritar el lugar del cuerpo, señalar las marcas de la sangre y ponerle la gorra al policía, el sobretodo al inspector.

Enfrentarse al El otro Joyce es enfrentarse, en primera instancia, a un policial. Y siempre que uno se enfrenta ante un policial piensa que por participar de ese género hay caminos que obligatoriamente tendremos que recorrer. Error. Toda la literatura lleva en sí misma un crimen, aunque más no sea el de romper el silencio. En el policial lo que se hace es poner de manifiesto el cuerpo y esconder al culpable.

El otro Joyce es un texto que lleva consigo, desde el comienzo, una marca. Como Caín que tuvo que recorrer esta tierra con su marca en la frente, Cáceres anda por este libro con su estrabismo en los ojos. ¿Dato menor? No. Visión doble de una única cabeza. Por ese par de ojos truncados nosotros los lectores, vamos a tener que ir por las oraciones tratando de ver doble. Pero ese ver doble no implica ver una cosa duplicada. No, sería muy sencillo sino. Son ojos que al mismo tiempo ven dos cosas.  Ojos que rompen con la naturaleza de la visión. Quiebran la duplicidad. Ojos que se desvían y que son ocultados con lentes oscuros, que funcionan como el engranaje, la tuerca, de un texto que se arma allí donde los ojos comunes no pueden ver. El otro Joyce no es sólo un policial y eso lo distingue y lo separa del rótulo de los géneros, porque aquí en sus páginas no sólo hay un crimen. Roberto Ferro trabaja un lenguaje estructurado en una forma nueva de ver. Construye en su novela un sistema de géneros. No nos enfrentamos sólo a un crimen y sus pistas. La construcción del policial está hecha con herramientas diferentes. La disertación sobre la misma literatura, sobre, incluso, el mismo género pone en abismo a quien se atreva a entrar en la trama.

Esos dos ojos dependiendo de una misma cabeza, que como los del camaleón ven diferente, poseen la capacidad de arrancar más de dos planos dentro de un texto que se multiplica con tantos ojos.

Todo comienza con una búsqueda de un ejemplar  Finnegans Wake que alguna vez anotó Borges. Libro que hasta hoy no se ha podido traducir, novela a la que Borges tradujo con sus propios textos. Finnegans Wake, el libro de uno de los Joyce el que conocemos nosotros los que vemos en un solo ángulo. Pero Cáceres encuentra otro Joyce, el otro, uno que inevitablemente se cruza con su tocayo irlandés. Un Joyce extraño y un Joyce traidor relacionado con el nazismo. Un Joyce que hilvana la trama, que teje esa maraña textual que enreda y atrapa a los lectores de policiales.

Crimen, hay un crimen, pero ¿cuántas formas de leerlo? ¿Cuántas de comprenderlo? El otro Joyce no es sólo un policial, es un texto en el que hay que arriesgarse. Arriesgarse a leerlo no sólo con los ojos del otro, sino con los ojos de otro que posee algo especial, una marca que multiplica todo aquello que vemos. Para leer El otro Joyce no sólo, entonces, hay que estar atentos a una visión diferente, no sólo hay que activar el olfato para seguir las huellas de la sangre, ni estar preparados para que la literatura dentro de la literatura teja y desteja los caminos y las pistas, sino que hay que estar dispuestos a atrapar al detective. Pero ojo, una vez que lo atrapen, mantengan el secreto, porque sin secreto no hay crimen.

 

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