METALITERATURA

Revista de literatura

Zeitgeist. Sobre Wen Fu de Lu Ji

11/5/2018 Textos

Quizás el título apropiado para estas reflexiones debería ser "De las armas y las letras"; surge de los vientos y olas del desconocido océano literario que estoy singlando: Wen fu prosopoema del arte de la escritura, de Lu Ji. Y es un mar incógnito, mi ignorancia de la literatura china –salvo reiteradas visitas a mi remendado El arte de la guerra de Sun Tzu– es enciclopédica.

 

 
Por:   Danilo Albero Vergara

Escritura fluyente, veo que el tópico literario de las armas y las letras se encuentra en culturas diferentes; suerte de fraternidad que une a escritores y artistas en un idioma común. Hace unos años, cuando me reencontré con un libro que nunca leí –y que trata del arte de la guerra–, leí una reflexión del autor: "la mejor manera de aprender es aprovechar la experiencia de los demás"; y de esto, coincidencia, tratan las poéticas literarias.

El tópico literario de las armas y las letras fue desarrollado por Baldasare Gastiglione en El cortesano; cito la exquisita traducción de Juan Boscán: "... no dexais de entender que, en las cosas graves y peligrosas de la guerra, la verdadera espuela es la gloria y quien se mueve por interese de dinero o de otro provecho alguno a pelear, demás que nunca hace cosa buena, no merece ser llamado caballero sino ruin mercader... que la verdadera gloria sea aquella que se encomienda a la memoria de las letras, todos lo saben, sino aquellos cuitados que la inoran. ¿Qué hombre hay en el mundo tan baxo y de tan vil espíritu que, leyendo los hechos de César, de Alexandre, de Scipión, de Aníbal y de otros muchos, no encienda en un extraño de parecelles y no tenga en poco esta nuestra breve vida por alcanzar la otra de fama perpetua...?"

Poetas y guerreros suelen encarnarse en uno y, quizás por eso, en ciertos momentos de la humanidad, representan mejor que nadie el Zeitgeist (la atmósfera intelectual o espíritu de una época: gusto, preocupaciones, modas). Una arbitraria y reducida antología nos lleva de Esquilo a Ernest Hemingway, Sigfried Sasson, Guillaume Apollinaire y Gabriele D'Annunzio; pasando por el infante don Juan Manuel, Cervantes, Stendhal y Walt Whitman; sin dejar de lado al escritor argentino Lucio V. Mansilla –releer pasajes de su Una excursión a los indios ranqueles me incita a visitar tramos de Anábasis de Jenofonte.

Pero mis singladuras por Wen fu prosopoema del arte de la escritura me llevaron a la biografía de Lu Ji. Nacido y educado en el seno de una familia militar, a los 14 años, tras la muerte de su padre, tuvo que hacerse cargo de las tareas y obligaciones de éste. En consecuencia, pasó parte de su atribulada vida fuera del hogar; en un largo período de paz se dedicó a sus relecturas favoritas y a escribir el Wen Fu. La primera reflexión del libro certifica sus búsquedas estéticas: " A menudo, cuando leo las obras maestras de los grandes escritores, tengo la secreta esperanza de poder captar su verdadero espíritu". Confesión que permite atracar en el puerto al que artistas y escritores aspiran en sus Diarios de marear: una tradición en la que incluirse. Ahora, imposible hablar de escritor y tradición sin remitir a "El escritor argentino y la tradición", conferencia de Jorge Luis Borges en 1953, donde reivindica y concluye que el derecho de nuestra tradición literaria es toda la cultura occidental. Lo que Borges se cuida de mencionar en ese trabajo –y esto es una suposición mía, pero las coincidencias en planteos, ejemplos e hipótesis son estadísticamente contundentes– es un artículo de Joaquim Machado de Assis publicado en 1873 "Instinto de nacionalidade". En ese trabajo Machado de Assis hace las mismas demandas que Borges, pero con ochenta años de anticipación; pregunta qué tienen que ver con la historia y tradición literaria inglesa Otelo, Romeo y Julieta, Hamlet y Julio César de Shakespeare para, líneas más adelante, dar la respuesta: " Lo que se debe exigir al escritor antes que nada, es cierto sentimiento íntimo que lo torne hombre de su tiempo y de su país –o sea Zeitgeist; esto lo digo yo, no Machado de Assis– aún cuando trate de asunto remotos en el tiempo y en el espacio"; por su parte, Borges señalará: "Todo lo que hagamos con felicidad los escritores argentinos pertenecerá a la tradición argentina, de igual modo que el hecho de tratar temas italianos pertenece a la tradición de Inglaterra por obra de Chaucer y Shakespeare".

Casi al final de "Instinto de nacionalidade", Machado de Assis concluye; "Un poeta no es nacional sólo porque inserte muchos nombres de flores o aves de su país, lo que puede dar es una nacionalidad al vocabulario y nada más"; por su parte Borges apuntó: "Gibbon observa que en el libro árabe por excelencia, en el Alcorán, no hay camellos... (el Alcorán) fue escrito por Mahoma, y Mahoma, como árabe, no tenía por qué saber que los camellos eran especialmente árabes, eran para él parte de la realidad... en cambio un falsario, un turista, un nacionalista árabe, lo primero que hubiera hecho es prodigar camellos..."; por mi parte, consulté el índice analítico del Corán en la traducción anotada –y canónica– de Julio Cortés. Camello y camella aparecen mencionados diez veces en las Suras 6, 7, 11, 26, 54, 88 y 91...

Glosas o referencias veladas aparte, Machado de Assis y Borges, remiten en sus planteos a las poéticas de Aristóteles y Horacio, también a dudas que planteó –con posterioridad a éstos, pero hace mil ochocientos años– Lu Ji en Wen fu... Detrás de todos los involucrados en estas reflexiones está la misma búsqueda de inspiración y refinamiento estético en textos clásicos; y esto se repite desde los inicios de la literatura y en cualquier tradición literaria, no sólo a la occidental, aludida por Borges y eludida por Machado de Assis.

Clásico deriva del latín classicus (flota) que luego tomará el sentido de orden y armonía, en inglés hay otra palabra que remite a la misma idea: shipshaped –reflexión de Borges, no mía.

Con estas metáforas navales y las ideas más claras continúo singlando por el  Wen fu... Lu Ji tuvo un final de guerrero, condenado a muerte por un general enemigo, se vistió con las mejores galas, recibió al verdugo como si fuera un encuentro formal y pidió elementos para escribir. Redactó su último poema a quien lo había condenado: "Los graznidos de las grullas de Huating / ¿será posible para mí volverlos a escuchar?"

Siglos después Hemingway llamó a esta manera de vivir Grace under pressure.

 




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