Sobre Gala, Marcial, Sentada en su verde limón, CABA: Corregidor, 2017.
El arte es una llama que ensordece, que lo invade todo porque la pasión es tan intensa que no puede ser ni siquiera trasmutada en su propio signo y así es infinita y perturbadora, eternamente intransferible, imposible de ser enquistada en un solo momento o un solo ciclo de manifestaciones, impertinente, interminable pupa de cáscaras infames, inciertas y brillantes de duro carmesí.
Sobre Y tendrá tus ojos de Roberto Ferro
La escritura se presenta siempre, en las novelas de Roberto Ferro, como una perversión no solo de la vida, de las secuencias, de las posibilidades sino también de la escritura.
Sobre Mover el punto de Ana Abregú
La escritura no es solo un loco afán de perdurabilidades y abismos, ausencias y diferimientos sino además, la posibilidad de una fuga hacia el infinito de incansables mapas de significados y sentidos, combinaciones eternas de códigos, espacios imborrables de imágenes posibles, destinos que guardan -y aguardan- que una sola de sus miles de hebras quede perpetuada sintagmaticamente como si fuera solo eso lo que hace a la vida o al texto.
Sobre Desde aquella ventana de Roberto Ferro.
El eterno doble del juego me pone en jaque, me interpela y me incomoda –o desinhibe, pienso riendo–; me abraza la duda de este comienzo que no empieza aquí para nadie, tampoco para mí –si es que supiera donde empieza todo realmente– y que tiene el vértigo no solo de la eternidad, del abismo imperturbable de la palabra escrita sino también el de la continuidad –o contigüidad–.
Sobre Ortemberg, Miguel, Palermo zombi, CABA: libros del Zorzal, 2019.
Estar en un lugar no siempre significa estar ahí o tener plena conciencia del espacio y sus bordes. Las novelas crean espacios otros que se inmiscuyen por entre las grietas de los existentes -o lo que pensamos que existe- solo para mostrarnos que lo conocido no es más que una creencia o una parte de lo posible.
Sobre Claudia Otsubo, Diminuto verde, CABA: Vinciguerra, 2018
Como diseminando fragmentos de existencia, los cuatro poemarios de Diminuto Verde integran una serie discontinua y al mismo tiempo zurcida por la misma pluma ávida y sensual que reclama
Cuando los famas tienen el poder, solo la idea de un posible narrativo diferente, sorprendente, un giro total en la trama, puede salvarnos del agobio de los días, de la inmensa tristeza de ver cómo el rumbo de un país cambia diluyendo la idea de nación que se estaba intentando construir, generando un montón de personajes aislados que circundan, solos y abstraídos, las tramas de sus espesas historias personales.
Una mirada sobre Fuera de foco de Roberto Ferro.
La metáfora visual inquieta la novela completando la textualidad; ver es sinónimo de clausura y al mismo tiempo de acción y apertura a los posibles narrativos que vertebran la intriga.
Sobre Adelaida Sharp en tu tiempo de Ana Abregú
La narración realiza un derrotero agazapado, escondido detrás de una voz que oculta tras la vejez la habilitación para hablar.
Meandros, sobre Jorge Ader
El deseo de escritura suele ser un mar calmo y dulce en el que los cuerpos excitados, impulsados por vertebradas -y a veces dolorosas- convulsas de reticente trascendencia, ansiados de existir, embeben sus extremidades en sus endebles y ambiguas aguas, espesura de miel y metal ambarino que corroe la pálida y sedosa superficie que anhela, espía y roza. Escribe.
Cuando digo
“la hebra”
El mundo se devana[1]
Las intensidades y sutilezas de la vida no son sino apreciaciones de su débil tránsito o existencia.
[1] Hugo Padeletti: El andariego (Poemas 1944-1980). Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007
Sobre Cixous Hélène, La llegada a la escritura, Buenos Aires: Amorrortu, 2015. 96p.