Algunas de las historias que circulan en los bordes de la literatura argentina proliferan a partir de una única voz, por razones casi siempre enigmáticas esas historias se diseminan y permanecen. La conjunción de una cadena de modestas casualidades me colocó ante la posibilidad de oír un testimonio de primera mano que narraba un descubrimiento tan extraordinario como improbable.
Desde muy joven Janos Fraenkel dio testimonio de su atrevimiento intelectual y su inquietud por alcanzar nuevos horizontes que dieran cabida a sus ansias irrefrenables de cumplir con el designio de la época que le había tocado vivir: la renovación constante de todas las certezas heredadas del pasado. Janos Fraenkel estaba habitado por un indómito espíritu vanguardista.
La identidad y el nombre de Ricardo Piglia forman parte de una leyenda urbana que circula en los arrabales del mundillo literario argentino ya desde hace años, tomando casi siempre la forma elegida por quien la refiere, otras asumiendo los cambios que le imponen las modas literarias, perdiéndose frecuentemente en el olvido y reapareciendo de cuando en cuando...
Después del Diluvio, ya asentados en su tierra, los mapuches disfrutaban de la papa que habían bajado de la mahuida. Con ella calmaban el apetito y reponían sus fuerzas.
Ilustración Huadi.