Cuando los mapuches conocieron el fuego

Después del Diluvio, ya asentados en su tierra, los mapuches disfrutaban de la papa que habían bajado de la mahuida. Con ella calmaban el apetito y reponían sus fuerzas.

Después del Diluvio, ya asentados en su tierra, los mapuches disfrutaban de la papa que habían bajado de la mahuida. Con ella calmaban el apetito y reponían sus fuerzas. Pero todavía no habían incorporado otros cultivos: porotos, pimientos, quínoa, y hasta maíz que, por ser planta de climas más cálidos, sembraron pronto en las abrigadas laderas que miran al Norte. Ya estaban domesticando, además, el luán o chilihueque (la llama del Sur); tenían perros que les hacían compañía, y criaban gallinas ponedoras. Hambre no pasaban; pero debían consumir sus alimentos crudos, porque aún no conocían el fuego. Fue en aquellos tiempos cuando dos chicos, una nena y un nene, estaban jugando en el bosque. Habían encontrado dos palitos, los hacían girar, y jugaban a ver quién lo hacía más rápido...Uno de los trozos era de madera muy dura, y tenía la punta aguzada. El otro, de madera blanda, se iba perforando a medida que la aguda punta lo penetraba... De pronto, de las maderas saltó una chispa que encendió la capa de guanaco de la niña.Los chicos se asustaron, tiraron la capa y los palitos y salieron gritando, mientras el fuego saltaba a unos matorrales y empezaba a incendiar el bosque, destruyendo árboles y hasta calcinando algunos animales. La gente se acercó al lugar; pero al ver que los niños no corrían peligro se sorprendieron ante lo que habían provocado, y algunos probaron la carne asada de un pudú, muerto por el fuego. Así los mapuches aprendieron a encender fuego a voluntad, y llamaron wentru-repu y domo-repu a los dos palitos que les permitieron hacerlo (de repu, "palo"; wentru, "macho" y domo "mujer").

DESTACADOS

El amor en un monstruo de dios de Luciana De Luca

En esta interesante novela se navega entre los intersticios de los sentidos. Primero llegan las moscas, desde la perspectiva del libro de Sartre, sobre el efecto de lo individual y lo colectivo que C.G Jung denomina proceso de individuación o autorrealización, considerados arquetípicos; las moscas, metáfora de conflictos bajo fuerzas incomprensibles que se hacen visibles en la presencia del insecto, zumbidos, olores, presencias mínimas que saturan el texto de síntomas de opresión; la narración transcurre en todo orden, vivos, muertos, actos, una pulpa densa en la que se construye un vivir.

 

PERSONAJES

El corazón es habitar la experiencia y el ritmo

Pasquale Mesolella, I giorni della pandemia. Prato: Pentalinea, 2024.

 

[Este es tal vez uno de los libros más emocionantes en la obra de Pasquale Mesolella (Teano, 1949). Va dedicado a “tutte le persone, note e ignote, conosciute e sconosciute, vittime inermi ed innocenti del covid o della guerra ucraina”. A simple vista, puedo decir que se ve a un poeta desprovisto de artilugios del lenguaje y que consagra la escritura como si su mano fuese un sello de lacre. Un poeta que se ha convertido en un reportero de un tiempo álgido que no está tan lejos y que continúa a hacernos eco. Los primeros textos de esta colección corresponden a enero de 2019 y los últimos, como el prólogo, se remontan a septiembre de 2023]

 

DRAMATURGIA

Mi novia del futuro de Anto Van Ysseldyk por Ana Abregú

«¡Como si se pudiera matar el tiempo sin herir a la eternidad!».

(Henry David Thoreau)

 

El viaje en el tiempo es un tópico complejo, sobre todo durante una obra teatral, donde la comparación entre temporalidad se debe resolver en un espacio reducido. Esta situación se metaforiza en un escenario con elementos de luz y desplazamientos en espiral, haciendo y deshaciendo el tiempo en el espacio, tal como se define el tiempo mismo, una tela, una autopista peraltada.

 

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