METALITERATURA

Revista de literatura

Las clases universitarias del ingeniero

11/8/2021 Cuentos

El agua de la ducha corría tan locuaz como indiferente empujándome a la inefable comarca de la vigilia; en consonancia, pensaba por qué se habían congelado esas imágenestan horribles del sueño; la muerte convierte en un absurdo cualquier pretensión de eternidad a través del lenguaje, pero los restos oníricos traían como oleadas, una y otra vez, la escenas perturbadoras que me habían asaltado en la noche.

 

 
Por:   Ferro Roberto

Sin ironía, pensé que eran signos propicios para despojarme de las ráfagas de profundo abatimiento que me envolvían, pero también para alejarme de cualquier sedante envasado en actitudes desmesuradas como compartir el agobio con quien me había acompañado en la fantasmagoría o asumir la posición de combate de un samurái, de solo pensarlo deseché las dos opciones.Finalmente, me incliné por relatarlo, acaso contaminado por alguna sobredosis de esas patéticas series con las que suelo disimular mi tedio sumergiéndome en la piscina desolada de estereotipos avalados por algoritmos impersonales.

Había sido el final de nuestras vidas, mi amigo Noé Jitrik y yo, caminábamos por sinuoso pasillos bien iluminados, en una suerte de mesa de entrada nos entregaron el veredicto; nos miramos desolados, la pena era terrible, habíamos sido condenados a perpetuidad a una tarea despiadada. Nos dispusimos a apelar, cuando ya habíamos ingresado en el territorio del infierno, que no era como la célebre descripción del Dante sino un edificio torre de paredes vidriadas; para cumplir con ese objetivo,  fuimos conducidos a un ascensor aerodinámico y así estuvimos deteniéndonos en innumerables agencias, una y otra vez éramos rechazados; cada uno de esos pasos suponía pasar a una instancia superior, por último llegamos al Tribunal Supremo, que era ejercido por un único magistrado, una voz nos anunció que estábamos frente a Lucifer. No había similitud con las representaciones que circulaban durante  nuestra vida terrena, ni cuernitos, ni tridente, ni fuego, Lucifer era la encarnación de un CEO de una empresa multinacional, sentado tras un enorme escritorio, en el que se posaba la monumental pantalla de una computadora. Como anteriormente, nos turnamos con Noé para esgrimir nuestra defensa, considerábamos la pena excesiva para nuestras faltas en vida, implacablemente Lucifer nos negaba cualquier alternativa, hasta que, agotados  los recursos dije con vos trémula que quien iba a dictar las clases había sido un trasgresor mucho más nocivo. Hizo una pausa y nos explicó que en vida, el ingeniero, había tenido la precaución de enmascarar sus negocios en fideicomisos y empresas radicadas en la banca off shore, de igual manera operó con su capital simbólico, por lo tanto, le había correspondido tan solo una probation. Sin dar lugar a réplica detalló las características de nuestro trabajo. Asistiríamos a sus clases todos los días, las deberíamos desgrabar y editar hasta completar un volumen siguiendo el modelo de la Historia crítica, una vez terminado sería sometido al juicio de un comité de notables. Noé suspiró profundamente, acaso movido por un inesperado hálito de esperanza quiso saber quiénes componían ese tribunal. Lucifer se explayó largamente, quizás para sumar un nuevo padecimiento a nuestro calvario.

Santiago ha logrado una síntesis perfecta en la que expuso adecuadamente la teoría política de República,la obra de Platón, para que el ingeniero manejase el pensamiento del filósofo griego en tan solo diez líneas con frases de no más de cuatro palabras que no exceden las tres sílabas. Además de participar del tribunal, se le ha permitido portar un cartelito que se enciende y se apaga como en los kioscos anunciando su condición de filósofo. Beatriz ha alcanzado tan alta distinción por su perseverancia en publicar en revistas tan prestigiosas como Hola y Viva, allí incluye los avances de cuanta celebridad intelectual que ha proferido algo altisonante; ella también ha tenido su bunustrack, se le ha destinado un camarín como el de las grandes estrellas de Hollywood y se le menciona junto a  otras divas del firmamento mediático formando una trilogía con Susana y Mirtha. Por último, Juan  José ha logrado establecer un notable compendio del pensamiento de Edgar Rice Burroughs en cruce con las teorías de Charles Darwin, que es usado por los insignes periodistas de un canal de noticias propiedad del ingeniero. No hubo más prolegómenos,  Jitrik y Ferro fueron conminados a comenzar con su condena, cada uno de nosotros recogió una carterita con sus útiles y fuimos arrojados a un anfiteatro con las gradas repletas de asistentes ansiosos por la llegada del profesor que dictaba las clases. Quedamos a un costado, vestíamos como rotosos en comparación con las vestimentas fashion de aquellos que nos mantenían a distancia con miradas de desprecio. Oímos música de fondo y allí ingresó el ingeniero celebrado con aplausos y vítores.

Una y otra vez, tras asistir a unas serie inacabable de sesiones lográbamos componer un volumen con las clases del ingeniero, que desgrabábamos, editábamos, armábamos la bibliografía, el índice onomástico y lo titulábamos Mauricio siguiendo las normas establecidas  para la Historia crítica; por último lo sometíamos al Tribunal, que invariablemente lo rechazaba y debíamos volver a comenzar .Por toda la eternidad habíamos sido condenados a acudir a las clases universitarias del ingeniero.

La pesadilla sigue rondando mi vigilia, pero algo se ha ido diluyendo porque la he podido compartir con quienes al menos imaginarán el temor que me persigue por si esa profería pudiera llegar a cumplirse.

Buenos Aires, Coghlan, octubre de 2021

 

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