RETORNO A LA PATAGONIA

El tercer largometraje de Carlos Sorin, luego de un período de inactividad de más de una década, entreteje tres historias pequeñas que transcurren en la Patagonia

Tres viajes que tienen como destino final Puerto San Julián: hacia allí van una joven sin techo para participar en un programa televisivo, un viejo que se escapa de la vigilancia de su familia para recuperar un perro escapado hace años, y un típico viajante de comercio post-globalización que lleva consigo una multiforme torta de cumpleaños para conquistar a una joven viuda. El relato vincula estas tres historias mínimas por medios esencialmente geográficos (la joven y el viejo viven en Fitz Roy, Provincia de Santa Cruz, el viajante pasa por ahí: hay encuentros verosímiles en el pueblo y en la ruta), y mediáticos (la presencia de la televisión en las múltiples paradas aporta una suerte de gradiente o contrapunto que permite además una reintroducción final de la historia de la chica). Historias mínimas se sostiene sobre un humor amable que despliega una sonriente crítica social: la venta televisiva, los libros de autoayuda, y otros temas similares caen bajo esta mirada (se trata por otra parte de tópicos cuyo tratamiento parece obligado para muchos directores que vienen de la publicidad). El humor sólo resulta interrumpido por la revelación ulterior de un inesperado secreto por parte del anciano, y por esa contrapartida de solidaridad que suele darse entre personajes tan pequeños como sus historias. Entre toques de color varios, algunos pretextos y simetrías un tanto convencionales, y dejando atrás promesas que el film hiciera en un principio, los tres protagonistas logran al menos finalmente lo que quieren, o poco menos. Bien vista, tal afirmación quizás pueda hacerse extensiva en última instancia, también, a un espectador imaginario con ambiciones mínimas.

DESTACADOS

El amor en un monstruo de dios de Luciana De Luca

En esta interesante novela se navega entre los intersticios de los sentidos. Primero llegan las moscas, desde la perspectiva del libro de Sartre, sobre el efecto de lo individual y lo colectivo que C.G Jung denomina proceso de individuación o autorrealización, considerados arquetípicos; las moscas, metáfora de conflictos bajo fuerzas incomprensibles que se hacen visibles en la presencia del insecto, zumbidos, olores, presencias mínimas que saturan el texto de síntomas de opresión; la narración transcurre en todo orden, vivos, muertos, actos, una pulpa densa en la que se construye un vivir.

 

PERSONAJES

El corazón es habitar la experiencia y el ritmo

Pasquale Mesolella, I giorni della pandemia. Prato: Pentalinea, 2024.

 

[Este es tal vez uno de los libros más emocionantes en la obra de Pasquale Mesolella (Teano, 1949). Va dedicado a “tutte le persone, note e ignote, conosciute e sconosciute, vittime inermi ed innocenti del covid o della guerra ucraina”. A simple vista, puedo decir que se ve a un poeta desprovisto de artilugios del lenguaje y que consagra la escritura como si su mano fuese un sello de lacre. Un poeta que se ha convertido en un reportero de un tiempo álgido que no está tan lejos y que continúa a hacernos eco. Los primeros textos de esta colección corresponden a enero de 2019 y los últimos, como el prólogo, se remontan a septiembre de 2023]

 

DRAMATURGIA

Mi novia del futuro de Anto Van Ysseldyk por Ana Abregú

«¡Como si se pudiera matar el tiempo sin herir a la eternidad!».

(Henry David Thoreau)

 

El viaje en el tiempo es un tópico complejo, sobre todo durante una obra teatral, donde la comparación entre temporalidad se debe resolver en un espacio reducido. Esta situación se metaforiza en un escenario con elementos de luz y desplazamientos en espiral, haciendo y deshaciendo el tiempo en el espacio, tal como se define el tiempo mismo, una tela, una autopista peraltada.

 

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