Donde deberían estar

Sobre Siete casas vacías de Samanta Schweblin, premio internacional narrativa breve RIBERA del Duero

fuente de foto: Ñ.

Los cuentos de esta serie retoman las líneas perpendiculares e infinitas -que ya desde antaño acribillan con paciencia la historia del pensamiento- para generar en el espacio y en un tiempo del ahora un presente tangencial y perturbador que, a partir de diferentes tipos de voces, va a deambular por los espacios posibles de las siete casas moviendo de lugar los límites -suaves y dóciles paredes- y llenando los vacíos de convencionalidad con anécdotas que empujan, desdibujando, el límite del límite del espacio de lo esperado, de lo posible, dando cuenta de que la espera, de que la certidumbre de la escritura no siempre en la narración realista da una respuesta del orden esperado.

El espacio casa -representativo de pertenencia, de intimidad, de conservación de objetos personales- va a ser atravesado de afuera hacia adentro, hasta ser una caja en la que entran todas las cosas que representan el no olvido de los cuerpos ultrajados por una narración que descubre sus marcas en su impronta de habitar, de ocupar un espacio que no es suyo sino que genera la discordia entre la narración y su existencia, hasta ser un espacio desconocido que eyecta al cuerpo mismo que narra en situación de intimidad total, vulnerable, ajeno.

El espacio habitable, el lugar seguro ya no es ni la narración, que repite en sus páginas la imagen de una historia imposible por molesta, por discorde, sino que se transforma en el tránsito de una escritura que, atravesando géneros, variedades etarias y puntos de vista, coloca al lector en partícipe de una intimidad extenuante que transforma en pesadas pisadas el trascurso de la escritura al tiempo que genera la intriga.

Trasmutando la voz en función del espacio, el narrador desdibuja prefigurando la idea de un lugar en el que exterior e interior -de la voz y del espacio- acceden a conjugarse para sortear las coordenadas del mapa que da lugar a la trama donde el cuerpo rompe la simetría de la casa convirtiendo los límites en delimitaciones y los cuerpos en limitaciones que permiten lo ilimitado de la narración.

La pregunta que sobrevuela y recae contaminando, a medida que trascurren los cuentos, es hasta dónde llega la plasticidad, la elasticidad de los límites que -sin quebrarse, casi amables- comparten en secreto habitaciones con los posibles narrativos que deberían estar donde surge la anécdota enclavada de espasmo, de espanto, de atardeceres.

Lo que debe estar ahí en ese momento es intercambiado por la sensación áspera que trastoca el principio constitutivo en ubicuidad, que exaspera la anécdota encubriendo una trama que articula posibles narrativos trenzando las inextricables hebras de lo extraño, lo que escapa a lo común pero está dentro de lo posible abriendo -sin ser el final una clausura- una grieta dentro de la idea de posibilidad.

El suceso que excede al suceso mismo, la pérdida de control de un espacio que excede su función contenedora, aislante, íntima va a transformar el espacio en vacío que va a llenarse de un significado difuso que va a utilizar la perturbación como herramienta sugestiva para trastocar los ápices de la idea de narración de la real, como marco de un cuadro donde lo que pasa excede el borde generando en sí mismo una sub estructura de la trama.

La idea de vacío va a diseminar más de un sentido, si las casas están vacías no hay nada que contar; sin embargo, el vacío va a estar lleno de vacíos poblados de incertidumbres, raigambres, estructuras que -sin derribarse- van a ser atravesadas por la propia narración de su existencia dando cuenta tanto de su estar ahí, como de su capacidad para ser narradas.

Si cada cuento es una casa, y cada casa es un límite que separa un afuera y un adentro, una pared que delimita un espacio creando el espacio casa que va a ser profanado por la idea de vacío resignificando no solo la idea de adentro sino también la de objeto; las casas no están vacías de gente ni de anécdota para contar ¿cuál es el vacío al que nos invitan entonces?

Los cuerpos son otra forma del límite que experimenta la palabra que es cuerpo y espacio en el papel, que es articulación de realidades posibles en su imposibilidad por escapar del conjunto que las ciñe, las adapta, las vigila; si el cuerpo se llena de vacío la letra adquiere nuevos significados en su reconjugación con la imagen que es a su vez rearmada en el contexto mismo de la narración.

Resignificando, reacomodando - ¿reabriendo? – las imágenes de los cuentos hilvanan estructuras deshabitadas que rehabitan la escritura recreando espacios y tiempos.

El juego de las relaciones de sociabilización primaria, inmiscuyéndose en territorio que desterritorializan la idea de lo que puede o debe ser contado para ingresar en los cómo, los cuentos decantan las estructuras familiares desalineando las zonas de confort e incomodando al lector el cual asiste a las escenas a partir de narradores perversos que, en su juego del contar trastocan, sesgan la mirada, vedando fragmentos que significan por el vacío que generan.

De modo exploratorio, Samanta Schweblin va a acertar las voces narrativas que ocultan y escatiman al lector la información que entreteje el subtexto que acompaña y excede, lo no dicho dejado -cedido?- a la imaginación del lector se confunde por la rareza del suceso propiciando un extrañamiento amargo que interpela también la forma de lectura.

 

 

    Estudiante de Letras en la UBA. Profesora de Lengua y Literatura en secundarios y en el Instituto de Formación docente N59 de General Madariaga. En Madariaga, coordina un espacio cultural que incluye biblioteca y taller literario

DESTACADOS

El amor en un monstruo de dios de Luciana De Luca

En esta interesante novela se navega entre los intersticios de los sentidos. Primero llegan las moscas, desde la perspectiva del libro de Sartre, sobre el efecto de lo individual y lo colectivo que C.G Jung denomina proceso de individuación o autorrealización, considerados arquetípicos; las moscas, metáfora de conflictos bajo fuerzas incomprensibles que se hacen visibles en la presencia del insecto, zumbidos, olores, presencias mínimas que saturan el texto de síntomas de opresión; la narración transcurre en todo orden, vivos, muertos, actos, una pulpa densa en la que se construye un vivir.

 

PERSONAJES

El corazón es habitar la experiencia y el ritmo

Pasquale Mesolella, I giorni della pandemia. Prato: Pentalinea, 2024.

 

[Este es tal vez uno de los libros más emocionantes en la obra de Pasquale Mesolella (Teano, 1949). Va dedicado a “tutte le persone, note e ignote, conosciute e sconosciute, vittime inermi ed innocenti del covid o della guerra ucraina”. A simple vista, puedo decir que se ve a un poeta desprovisto de artilugios del lenguaje y que consagra la escritura como si su mano fuese un sello de lacre. Un poeta que se ha convertido en un reportero de un tiempo álgido que no está tan lejos y que continúa a hacernos eco. Los primeros textos de esta colección corresponden a enero de 2019 y los últimos, como el prólogo, se remontan a septiembre de 2023]

 

DRAMATURGIA

Mi novia del futuro de Anto Van Ysseldyk por Ana Abregú

«¡Como si se pudiera matar el tiempo sin herir a la eternidad!».

(Henry David Thoreau)

 

El viaje en el tiempo es un tópico complejo, sobre todo durante una obra teatral, donde la comparación entre temporalidad se debe resolver en un espacio reducido. Esta situación se metaforiza en un escenario con elementos de luz y desplazamientos en espiral, haciendo y deshaciendo el tiempo en el espacio, tal como se define el tiempo mismo, una tela, una autopista peraltada.

 

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